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La imagen proyectada por las Tunas y los periodistas

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Félix O. Martín Sárraga. 2018


El periódico El País de Cali (Colombia) publicó el 19 de enero un artículo titulado Las viejas tunas de hoy bajo la firma del columnista D. Eduardo José Victoria Ruíz que, una vez más, nos ofrece buena idea de cómo algunas personas procesan la imagen proyectada por las Tunas.

editorialCompara el periodista el estereotipo de Tuna que tiene en su mente con aquello que aprecia en la actualidad y añade –con poca gracia- comentarios que rayan en lo peyorativo y la burla hacia sus integrantes que peinan canas o llevan gafas recetadas.

Comenta, en alusión a su propia persona, que le “faltaban hormonas femeninas para tocar castañuelas y pandereta”, añadiendo que quienes tocan castañuelas lo hacen porque “son enviadas por los ortopedistas y reumatólogos como ejercicios para las manos”.

Arremete contra canciones netamente colombianas (como “La piragua” y “Espumas”), que –quizás por emblemáticas- puedan repetirse en los repertorios de las Tunas, e invita a “aprender canciones españolas diferentes”.

Olvida que hay personas que, por motivos de genética, lucen canas y llevan gafas desde edades tempranas e ignora que las castañuelas y panderetas son instrumentos de percusión que no tienen género.

No contempla que, por muy emblemáticas, se repiten las composiciones de los maestros Jorge Villamil y José Benito Barros citadas en la columna de la misma manera que en las Tunas boricuas se puede repetir “En mi viejo San Juan” o “Lamento borincano”, en las peruanas “El cóndor pasa” o “La flor de la canela”, y en las mexicanas “Adelita” o “México lindo” simplemente porque estas piezas se han convertido en “señal de identidad musical” de cada país.

Desconoce que el maestro Jorge Villamil perteneció a la que –hasta el presente- es la Tuna Universitaria que primero se fundó en el continente americano: la Tuna que hubo entre 1948 y 1954 en la Pontificia Universidad javeriana de Bogotá.

Sólo puedo darle la razón en que pertenecer a la Tuna supone el “deseo de gozarse la vida hasta el último momento” pero hay muchas cosas que este periodista debería tener presente antes de redactar su columna:

1) La Tuna, Universitaria se entiende, es la primera asociación estudiantil en la historia mundial que se ocupó altruistamente por ayudar a las víctimas de todo tipo de catástrofes, así como a los desfavorecidos. Ejemplo de ello tenemos que desde antes de que en 1870 las estudiantinas conformadas por escolares pasaran a llamarse Tunas para diferenciarse de aquellas que no estaban integradas por escolares, salían a las calles y hacían giras por el territorio español para recabar fondos con los que mitigar las penurias de pobres, viudas, huérfanos, ancianos, enfermos, tullidos, heridos de guerra, así como para aportar recursos de todo tipo para quienes habían quedado desamparados por motivo de inundaciones, terremotos y epidemias (por ejemplo). Esta actividad solidaria también se desarrolló para ayudar a levantar monumentos que sirvieran al pueblo para recordar a personalidades de la cultura, como la estatua de Miguel de Cervantes que se planeó levantar en Nueva York en el último cuarto del siglo XIX.

Gracias su vinculación progresiva a la Universidad, también a partir de 1870, las Tunas tuvieron garantizada “sabia nueva” con la entrada cada año de nuevos escolares a cada centro de estudios. Esto tuvo su consolidación con la aparición de las Tunas del Sindicato Español Universitario, cuando su actividad pasó a ser continuada (mes tras mes y año tras año) y nos ha llegado a la actualidad con las lógicas variaciones generadas por su globalización desde la segunda mitad del siglo XX.

2) La Tuna supone una excelente “escuela de vida” pues enseña al estudiante una serie de valores que no debe perder ninguna sociedad que considere “sana”. Ya hablamos de la solidaridad y beneficencia, pero hay más:

a) Aleja a sus integrantes del peligro latente de las calles (droga, delincuencia…).

b) Desarrolla y optimiza las cualidades de sus integrantes al punto de que la persona tímida aprende a hablar con soltura en público, así como enseña el valor del trabajo en grupo.

c) Despierta el ingenio, con lo que pueden mostrarse más resolutivos ante imprevistos de su vida adulta.

d) Enseña a cantar y tocar un instrumento, con lo que su vida de relación más allá de la Tuna es mucho más amena.

e) Genera la hermandad entre sus integrantes, con lo cual se añade una “familia elegida” a la que nuestros progenitores nos ha regalado.

Todo ello aumenta la autoconfianza y autoestima de sus integrantes pero todavía hay algo más importante: respetar a los mayores, reconocer la jerarquía y valorar los logros de los demás. Dicho así, de seguido, parece poco pero en la sociedad en la que vivimos (no importa el país) estas tres características de las Tunas Universitarias son fundamentales para la convivencia y el mejor ambiente en cualquier entorno, incluido el laboral.

Seguramente el periodista se quedó en lo superficial por desconocer todo esto, pero aún hay más.

Resulta impensable, desde el propio siglo XIX, que las Tunas no incorporen géneros musicales ajenos a los propios de España. Es más, sería bochornoso que una Tuna no española sólo interpretara canciones de la Madre Patria pues comenzaría por despreciar su propia identidad nacional y su enorme patrimonio cultural. ¡Ojalá todas Tunas colombianas no sólo interpretaran piezas de su riquísimo bagaje musical sino que las ejecutaran con instrumentos propios del folclore colombiano como son la bandola y el tiple para, así, ser aún mejores embajadores de su música nacional ante el mundo!

Como ve, Sr. Victoria Ruíz, la pervivencia de la tradición estudiantil que supone la Tuna Universitaria precisa de la presencia de los egresados que aún tengan energía e ilusión por dejar el mejor legado posible a las nuevas generaciones. Unos, como los que cita en su columna, aún salen con su Tuna, y en países como Puerto Rico son motivo de admiración por la ciudadanía que los ve pasar pues son profesionales que, además, desarrollan una hermosa labor cultural y social al permanecer activos en su Tuna. ¡Qué hermoso mensaje transmite a la sociedad la Tuna en la que se ve, juntos e iguales, a personas que peinan canas compartiendo con jóvenes de primeros años de carrera! ¡Cuán distante ello de la idea de abandono y reclusión de las personas mayores en residencias de ancianos!

La Tuna, distinguido columnista, es tradición universitaria que se ha forjado y mantenido día a día gracias a las vivencias de sus integrantes de mayor edad ya que no ha sido hasta la última década del siglo pasado y comienzo de este siglo cuando han comenzado a aparecer publicaciones basadas en documentos históricos (no novelas) que permiten mostrar dónde y cuándo surge la Tuna, así como cuáles son sus valores y sentido en la sociedad actual. Por todo ello afirmo con orgullo que la Tuna Universitaria es imprescindible en todo país que desee promover una educación integral de los profesionales que, en un futuro no muy distante, serán quienes determinen la calidad de vida de sus conciudadanos. 

 


Publicación: 21/01/18