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Carta abierta a los antiTunas

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José Mateo Ycardo. 2016.


El 28 de noviembre opasado el periódico La Vanguardia publicó el artículo titulado ¿Hay que acabar con las tunas? bajo la firma de D. Joaquín Luna y, en ejercicio del derecho a la réplica nos pronunciamos.

Ante artículos como este, cuya socarronería deriva hacia un ataque furibundo e infundado a una institución legendaria, no debe quedar sin una respuesta rápida y contundente a la pregunta que plantea, pues la Tuna ya tiene quien la defienda, con argumentos fundados, de las generalizaciones y lugares comunes emitidos con toda seguridad sin mala fe, pero desde el desconocimiento más absoluto de los valores de seculares de la Institución.

En el artículo aludido, con la excusa de analizar las causas del escaso interés demostrado por los universitarios en su derecho a decidir democráticamente la elección de sus representantes y rectores, se envía sin venir a cuento un “regalo envenenado” a la Tuna, que ni siquiera pasaba por allí. Y la sociedad recibe un mensaje sesgado e interesado (incluso “politizado”), que se viene emitiendo con machaconería, incidiendo exclusivamente en los aspectos colaterales más “criticables” de la Institución, obviando sus valores más profundos y pretendiendo su asfixia por rechazo social al tomar la parte por el todo y suponer que la mera exposición “a vuelapluma” de impresiones de juventud e interpretaciones de madurez sirvan para demostrar la obsolescencia de la Tuna en estos tiempos que corren.

Ha llegado el momento de que la Tuna se defienda con elegancia y argumentos fundados de los estragos que siempre produce la repetición insistente de unos tópicos muy vistosos de denunciar, pero nada cercanos a su realidad, divulgando su “ser” auténtico y transmitiéndolo puro e íntegro hacia el futuro.

En lugar de contestar las opiniones vertidas por el Sr. Luna en su artículo de una manera visceral y concreta, preferimos aportar nuestros argumentos para que los lectores extraigan sus propias consecuencias:

  •  La Tuna, aunque al Sr. Luna le pueda parecer extraño, es una de las tradiciones universitarias más antiguas, forma parte de la práctica universitaria y es un estilo consolidado de vivir la vida que integra y cohesiona a sus integrantes (hombres y mujeres, Sr. Luna), de forma que quienes pertenecen a esta hermandad se sienten tan ligados a ella que nunca la abandonan. Por eso, la Tuna (masculina, femenina y mixta, que de todo hay), es el reflejo de la vida estudiantil, bohemia, curiosa y alegre que se prolonga en el tiempo tanto como la vida de sus integrantes, que son tunos (como son universitarios), hasta el día de su adiós a la vida. No sólo son tunos los y las jóvenes estudiantes, hay muchísimos más que ya no estudian, pero siguen siendo de la Tuna.
  •  El ámbito de presencia de la Tuna es “mundial”, pues se exhibe a través de continuas representaciones y festivales, muchos de ellos de carácter benéfico, repartidos por toda la geografía española y por un gran número de países del continente europeo, americano y asiático, con especial incidencia en el ámbito de habla hispana. Conviene saber que hay censadas más de un millar tunas masculinas, femeninas y mixtas en 12 países de Europa e Iberoamérica.
  • La Tuna es producto cultural, testimonio y documento que ha nacido del sentimiento colectivo de una sociedad. Es, por tanto, receptora y transmisora de multitud de significados culturales, que adquieren cada vez más importancia cuando una gran mayoría de bienes inmateriales están perdiendo el arraigo que tenían hasta hace pocas décadas.
  •  Vinculada intensamente a las formas de vida cotidiana del presente, pero asociada a las tradiciones que laten en la memoria de una comunidad, la Tuna produce un efecto regenerador en el orden social en tanto reafirma formas de hacer y de valorar que resultan primordiales para los miembros de una comunidad. A pesar de su carácter, a veces arcaico, sigue todavía hoy, aunando entre sí a sus miembros y reforzando sus lazos identitarios, con frecuencia aminorados por los procesos de transculturación a los que toda comunidad se encuentra expuesta en la actualidad. Como todo patrimonio inmaterial, la tuna compensa aquello que una comunidad pierde en aras de la modernización, mediante una reavivación y reafirmación consensuada de algunos de los rasgos culturales más apreciados localmente.

Acabemos con una pregunta y una respuesta al hilo de la pregunta epígrafe del artículo del Sr. Luna. ¿Para qué la tuna?:

Para fomentar razón y respeto. La primera, sostiene la cultura de la tuna. Y el respeto es el objetivo deseado. Para que sustentados en estos dos conceptos, podamos plantear nuestros argumentos en defensa de nuestras creencias y valores con la mayor solvencia posible.

El desiderátum para los que quieren salir indemnes del tiempo de espasmo en que vivimos, es conseguir que algo cambie en las relaciones humanas y se vuelva a dar mucha importancia al respeto por el otro. Esto supone, allá donde se da, el reconocimiento de que no tenemos acceso a una verdad trascendente y absoluta y lo que es mejor, que el no tenerlo no supone el caos sino que, bien al contrario, supone un nuevo modo de relación basada precisamente en la cooperación y el respeto.

No está de más por ello que las “nuevas culturas”, acojan la recuperación de la cultura tradicional, sepultada por la que ahora impera. Ojalá, Sr, Luna, consigamos que la Tuna viva en un mundo no atrapado en una exigencia militante, en el que ya no haya que justificar la negación de lo de enfrente en la defensa de una verdad absoluta o trascendente, sino en el que nadie pueda reclamar para su bando el acceso privilegiado al conocimiento de verdades trascendentes, absolutas y universales, porque esta reclamación le haría ser acusado de herejía, rebeldía o error culpable. Y habría que “acabar” con ello.

Al eliminar la exigencia en la creencia de la posesión de la verdad, se acaba con la tolerancia, que no es más que una negación temporalmente suspendida… y empieza el respeto. Donde comienza el respeto por los demás, comienza su legitimidad Por eso, la preservación de la existencia de la Tuna es garantía de la continuidad de los lazos que unen desde hace siglos a cada nueva generación con su patrimonio inmaterial, gracias a que nuestra institución está profundamente arraigada en la comunidad que la acoge y fomenta su desarrollo, fortaleciendo su identidad y transmitiendo sus valores sin interrupción de generación en generación. Siempre con la razón por divisa y desde el respeto como norma.

Agradecemos al Sr. Luna la publicación de su artículo pues nos ha permitido presentar nuestros argumentos para que los lectores puedan reflexionar sobre "si es necesario acabar con la Tuna", desde la tolerancia, el respeto y la legitimidad.

¡Aúpa Tuna!

 


Publicación: 30/11/16