La solidaridad y compromiso social, valores tempranos de las estudiantinas y tunas universitarias

 

Félix O. Martín Sárraga, Doctor en Historia

ORCID:000-0001-7451-0984

 

Durante buena parte del siglo XIX y las primeras décadas del XX, numerosas estudiantinas recorrieron las calles de pueblos y ciudades españolas con una finalidad que iba más allá de participar en las fiestas o interpretar música. En ocasiones, sus integrantes se organizaban expresamente para solicitar ayuda destinada a personas que atravesaban situaciones especialmente difíciles: enfermos sin recursos, familias empobrecidas, viudas y niños necesitados, víctimas de inundaciones, terremotos y otras catástrofes, así como soldados heridos y familiares de militares fallecidos.

La prensa de la época permite conocer muchas de aquellas iniciativas. Las noticias publicadas por la prensa de la época identifican las agrupaciones participantes, los lugares que visitaban, las instituciones que colaboraban y, con frecuencia, las personas o establecimientos a los que se destinaban los recursos obtenidos. También conservamos programas de actuaciones, folletos postulantes, fotografías y testimonios que permiten reconstruir aspectos de su organización y actividad (Martín Sárraga, 2014, pp. 54-195; 2022, pp. 259-342).

No debemos olvidar que las estudiantinas surgieron en el contexto de las fiestas de máscaras del siglo XIX y que durante décadas coexistieron agrupaciones integradas por verdaderos estudiantes con otras formadas por personas ajenas a los centros docentes, las que llamo estudiantinas no académicas o populares. Ambas participaron en actividades benéficas, aunque fueron las estudiantinas académicas las que adquirieron una presencia particularmente significativa en los testimonios de postulación conservados (Martín Sárraga, 2022, pp. 373-399).

En el artículo anterior de esta serie mostramos que la beneficencia y la filantropía constituyeron motivaciones importantes para numerosas estudiantinas. Ahora corresponde acercarnos a las actuaciones concretas y conocer de qué manera sus integrantes convirtieron aquella intención de ayudar en iniciativas públicas. Ello se debe a que detrás de muchas de sus salidas encontramos jóvenes universitarios que interrumpían sus actividades habituales, organizaban recorridos, preparaban conciertos, solicitaban autorizaciones y procuraban movilizar a sus conciudadanos para atender necesidades que consideraban dignas de ayuda.

1878: una estudiantina ayudó a equipar el Hospital de San Juan de Dios de Orihuela

Uno de los testimonios más interesantes de la dimensión práctica de la beneficencia estudiantil procede de Orihuela. En julio de 1878, el periódico El Segura informó del destino dado a los donativos recogidos por una estudiantina durante las fiestas de Carnaval de aquel año. La agrupación había postulado a beneficio de la Casa de Beneficencia, la Sociedad de San Vicente de Paúl y el Hospital de San Juan de Dios de Orihuela. Una parte de lo obtenido fue entregada a los profesores de Medicina y Cirugía Juan Carrió Grifol y Luis Bueno y Llopis para adquirir instrumentos quirúrgicos que necesitaba el establecimiento hospitalario (El Segura, 1878a, p. 1; Martín Sárraga, 2022, pp. 303-304).

La noticia detallaba la adquisición de instrumental médico, incluyendo cajas de amputaciones, material para autopsias y otros instrumentos empleados en diferentes intervenciones quirúrgicas. El dato resulta particularmente significativo porque permite seguir la iniciativa benéfica más allá de la actuación pública. La estudiantina no se había limitado a recoger donativos destinados genéricamente a la caridad. La ayuda contribuía a cubrir necesidades materiales concretas de un hospital que atendía a personas sin recursos. El periódico también mencionaba el agradecimiento expresado por Manuel Roca de Togores, visitador del establecimiento, a los médicos, a los donantes y a los jóvenes de la estudiantina. Otra noticia publicada el 18 de julio permite conocer que uno de aquellos instrumentos quirúrgicos había sido utilizado por primera vez en el hospital (El Segura, 1878b, p. 5).

Estamos ante un ejemplo especialmente valioso por la posibilidad de identificar la finalidad anunciada, el destino de parte de los recursos y una consecuencia material de la iniciativa. Esta es una de las dimensiones que conviene recuperar cuando hablamos de las actividades benéficas de las primeras estudiantinas: no se trataba exclusivamente de obtener donativos, sino de contribuir a satisfacer necesidades sociales concretas. Aunque no se especifica en los artículos detectados, a destinarse la recaudación a equipar un hospital y entregarse parte de la recaudación a dos profesores de Medicina y Cirugía, cabe la posibilidad de que pudiera haberse tratado de una estudiantina integrada por alumnos de Medicina.

1878: Siete estudiantinas postularon para ayudar a los náufragos la galerna del Cantábrico

También en 1878, una desgracia ocurrida en el mar provocó la movilización de las estudiantinas. Fue a comienzos de mayo cuando varias estudiantinas se organizaron para auxiliar a las familias de los marineros fallecidos durante un temporal en el Cantábrico, conocido como la 'galerna del Sábado de Gloria'. Entre las agrupaciones que participaron estuvo la Estudiantina Española, conformada principalmente por alumnos de la Facultad de Medicina de Madrid y del <conservatorio de Música de la misma ciudad.

La Correspondencia de España, en su edición del 2 de mayo, anunció que siete estudiantinas se reunirían al día siguiente en la Puerta del Sol de Madrid para iniciar una cuestación destinada a las viudas y huérfanos de los náufrgos. Cada agrupación debía dirigirse a un sector de la ciudad previamente asignado. Entre las participantes figuraba la Tuna de San Carlos, integrada por alumnos de Medicina de dicho centro madrileño de enseñanza médica (La Correspondencia de España, 1878, p. 2; Martín Sárraga, 2022, pp. 330-331).

Estudiantinas reunidas para salir a postular por Madrid (La Academia, 1878).

La organización de recorridos diferenciados demuestra que no se trataba de una salida improvisada. Existía una distribución de tareas destinada a facilitar la presencia de las estudiantinas en distintos barrios y ampliar las posibilidades de colaboración de la población.

La revista La Academia, publicada el 15 de mayo de aquel año, recogió gráficamente aquella movilización. Según su información, los estudiantes iban precedidos por marineros que portaban grandes carteles anunciando el objeto de la cuestación, mientras los postulantes recogían los donativos en cajas preparadas para tal fin (La Academia, 1878, p. 13). La presencia de aquellos marineros añadía una dimensión especialmente significativa: permitía identificar públicamente a las personas y familias relacionadas con la desgracia que había motivado las actuaciones.

Este episodio muestra cómo las estudiantinas podían integrarse en iniciativas de socorro que requerían organización conjunta, identificación de los beneficiarios y colaboración con otros sectores sociales.

1879: la Riada de Santa Teresa imovilizó estudiantinas de toda España

La riada de Santa Teresa, ocurrida durante la noche del 14 al 15 de octubre de 1879, constituye uno de los episodios mejor documentados de movilización benéfica de las estudiantinas españolas. Las inundaciones afectaron gravementelas proivincias de Murcia, Alicante y Almería, provocando numerosas víctimas, destruyendo los molinos del río, viviendas y cultivos y dejando a muchas familias sin recursos. La magnitud del desastre puede conocerse mediante la documentación municipal y la prensa contemporánea, que describieron las consecuencias de la inundación y las dificultades que afrontaban las poblaciones afectadas (Ayuntamiento de Murcia, 1879, pp. 5-8; Couchoud Sebastiá & Sánchez Ferlosio, 1965, p. 98-104; Martín Sárraga, 2022, pp. 270-276).

La noticia de la catástrofe desencadenó iniciativas solidarias en diferentes lugares del país. Entre ellas destacaron las organizadas por estudiantinas, muchas de las cuales se constituyeron expresamente para solicitar donativos y contribuir al socorro de los damnificados. En Madrid encontramos agrupaciones vinculadas a las facultades de Medicina y Derecho, al Conservatorio de Música y Declamación, al Instituto Cardenal Cisneros y a estudiantes procedentes de Murcia. También salieron a postular estudiantinas de diferentes ciudades españolas, algunas de ellas alejadas de las provincias inundadas. La respuesta adquirió una dimensión extraordinaria para la época y demuestra que la actividad benéfica de las estudiantinas podía superar ampliamente el ámbito de su localidad de origen (Martín Sárraga, 2014, pp. 54-127; 2022, pp. 276-290).

Entre las agrupaciones que participaron en las cuestaciones destacó la Estudiantina Murciana Escolar. Su comisión organizadora estuvo integrada por Juan Susarte de Requena, Eugenio Sánchez Risueño, José Crespo y Antonio García, quienes gestionaron las autorizaciones necesarias ante las autoridades académicas y gubernativas. La agrupación eligió como distintivo la montera murciana, elemento que contribuía a identificar su procedencia regional ante el público madrileño. Sus actividades postulantes se desarrollaron durante los últimos días de octubre y primeros de noviembre de 1879 (Martín Sárraga, 2022, p. 278). El episodio constituye un buen ejemplo de la implicación de estudiantes que, encontrándose lejos de su tierra, se movilizaron para colaborar en el auxilio de sus paisanos. La actividad adquirió suficiente notoriedad como para aparecer representada en la prensa ilustrada francesa. Un grabado de Daniel Urrabieta Vierge, publicado en Le Monde Illustré, mostró a la estudiantina postulando en Madrid para los damnificados de las inundaciones (Martín Sárraga, 2022, pp. 278-279).

Estudiantina Murciana en Madrid Daniel Vierge Le Monde Ilustre

Estudiantina Murciana postulando para las víctimas de la Riada de Santa Teresa (Le Monde Ilustré, 1879).

La imagen constituye un testimonio iconográfico de particular interés: muestra que la participación de las estudiantinas en aquellas iniciativas no quedó limitada a las noticias de carácter local, sino que alcanzó también proyección internacional.

Esta movilización de 1879 permite conocer otro aspecto frecuentemente olvidado: las estudiantinas no actuaron siempre de manera aislada ni todos sus integrantes sabíann necesariamente tocar instrumentos musicales. En ocasiones recibieron la colaboración de bandas militares que acompañaban sus recorridos e interpretaban las composiciones musicales.

La Correspondencia de España, el 25 de octubre de 1879, informó de que los directores e integrantes de algunas de aquellas bandas renunciaron a percibir gratificaciones por su colaboración, solicitando que tales cantidades fueran consideradas donativos para los damnificados (La Correspondencia de España, 1879a, p. 3). Este dato demuestra que la iniciativa podía movilizar a personas ajenas a las agrupaciones estudiantiles. La finalidad benéfica permitía reunir esfuerzos de estudiantes, músicos profesionales, autoridades e instituciones que colaboraban de diferentes maneras.

Con ello vemos que las agrupaciones podían contar con músicos propios, recibir acompañamiento externo o combinar ambas posibilidades.

Entre las agrupaciones creadas para socorrer a las víctimas de las inundaciones también encontramosa la Estudiantina del Instituto de Almería. Su importancia radica en que conservamos un folleto impreso con el título La Estudiantina organizada en Almería a favor de las víctimas de la inundación, a las bellas almerienses (1879), en el que se identificaban numerosos participantes y se detallaba su organización interna. El documento permite distinguir entre postulantes, abanderados, responsables de itinerarios, músicos y componentes del coro. Entre los instrumentos utilizados figuraban guitarras, bandurrias, flautas, violines, panderetas y triángulos. Algunas secciones disponían de sus propios directores, mientras que Pedro Orihuela ejercía como maestro compositor y director musical (Estudiantina organizada en Almería, 1879; Martín Sárraga, 2022, pp. 280-282).

El folleto permite comprender que una estudiantina benéfica podía alcanzar una organización considerable. No bastaba con reunir a un grupo de jóvenes y salir a tocar por las calles. Era necesario preparar el repertorio, coordinar a los músicos, distribuir responsabilidades y planificar los recorridos que habrían de realizarse. Especialmente significativa es la existencia de una sección encargada de los itinerarios. Su presencia confirma que la postulación requería una planificación destinada a organizar los desplazamientos y facilitar el contacto con la población.

Las noticias posteriores permiten comprobar que la agrupación continuó realizando actividades y que sus responsables publicaron información sobre la gestión de los recursos obtenidos (Crónica Meridional, 1879, p. 3). La documentación conservada ofrece así una visión bastante completa de su funcionamiento.

Esta movilización se extendió a numerosos centros docentes. El 5 de noviembre, El Magisterio Español anunció que alumnos de la Escuela Normal de Toledo habían formado una estudiantina para solicitar ayuda destinada a los damnificados de las inundaciones. Según el periódico, se incorporaron a la iniciativa algunos estudiantes de Medicina y Farmacia que residían en la localidad (El Magisterio Español, 1879a, p. 1). Una noticia posterior confirmó que la agrupación había realizado su actividad postulante (El Magisterio Español, 1879b, p. 3).

En Salamanca, el Cuerpo Escolar organizó una comparsa estudiantina para auxiliar a las poblaciones afectadas. La agrupación recorrió las calles y preparó funciones teatrales con la misma finalidad. La revista Adelante informó de sus actividades y publicó posteriormente una carta de Emilio M. Piñuela, presidente del Cuerpo Escolar Salmantino, que ofrecía detalles sobre la organización y los gastos de las funciones benéficas (Adelante, 1879a, p. 3; 1879b, p. 2). El documento resulta importante porque permite comprobar que el entusiasmo de los estudiantes no eliminaba las dificultades prácticas de estas iniciativas. La realización de funciones teatrales generaba gastos de vestuario, personal, decorados y derechos de representación. Algunos colaboradores prestaban sus servicios gratuitamente, mientras que otros exigían remuneraciones. La carta constituye un testimonio que ayuda a comprender las limitaciones materiales de la actividad benéfica y evita presentarla como un proceso siempre sencillo.

Por otra parte, estudiantes de la Universidad de Barcelona organizaron una expedición postulante por localidades catalanas para auxiliar a las víctimas de las inundaciones. El Diari Català publicó el 11 de noviembre el proyecto de visitar poblaciones como Martorell, Vilafranca, Tarragona, Reus, Montblanc, Lleida, Tàrrega, Manresa, Sabadell y Terrassa, señalando que las autoridades militares y compañías ferroviarias habían ofrecido facilidades para la expedición (Diari Català, 1879, p. 2). La noticia acredita la organización de aquella gira, aunque no permite afirmar por sí sola que se completara exactamente todo el itinerario anunciado. Posteriormente, el Diario de Murcia informó de la presencia de representantes de la prensa y de la estudiantina barcelonesa en Murcia para participar en el reparto de los donativos reunidos (Diario de Murcia, 1879, p. 2). Este último testimonio es especialmente significativo porque documenta una intervención que iba más allá de la recaudación. Los estudiantes no solo habían participado en una cuestación realizada lejos de las zonas afectadas. También encontramos representantes de la agrupación relacionados con las actuaciones posteriores destinadas a hacer llegar la ayuda.

Estos casos muestran cómo la movilización benéfica podía conectar a estudiantes de diferentes ciudades con personas que probablemente no conocían y a las que difícilmente habrían podido auxiliar mediante sus recursos individuales.

1885: las estudiantinas ayudaron a las víctimas de los terremotos de Andalucía

Las inundaciones de Levante no fueron el único desastre natural que motivó iniciativas de socorro estudiantil. Los terremotos que afectaron a diferentes localidades de Andalucía durante la Navidad y últimos días de diciembre de 1884 provocaron una nueva movilización benéfica. La destrucción de viviendas y la necesidad de atender a las personas damnificadas impulsaron colectas y actuaciones en numerosas poblaciones.

En enero de 1885 la Estudiantina de Medicina de Cádiz postuló a favor de los damnificados por estos terremotos, acompañados de una banda de música (Valle Marcelino, 2014) y  el Casino Jerezano y la Sociedad Fígaro Jerezano aunaron esfuerzos para "reunir un donativo considerable para los desgraciados de las provincias de Málaga y Granada" afectados por los recientes terremotos, anunciándose el programa que habría de ejecutar la Estudiantina Fígaro Jerezano, anunciada como “Orquesta de bandurrias y guitarras" ().

También entonces encontramos referencias a estudiantinas organizadas con esta finalidad en Murcia, San Javier, Lorca, Blanca y La Alberca. En esta última localidad, una estudiantina dirigida por Carmelo González reunió prendas de vestir destinadas a los necesitados de Andalucía (Diario de Murcia, 1885a, p. 3; Martín Sárraga, 2022, pp. 293-294). La importancia de este testimonio reside en que demuestra que las cuestaciones no consistían exclusivamente en recoger dinero. Las agrupaciones también podían solicitar bienes materiales destinados a cubrir necesidades inmediatas, especialmente ropa y otros efectos de primera necesidad.

Estos casos son ejemplos solidarios surgidos desde una sociedad marcada por la precariedad de muchos hogares. Sus aportaciones fueron una forma de ayuda directa a quienes habían perdido parte de sus pertenencias como consecuencia de una catástrofe. La solidaridad adquiría así una dimensión concreta, relacionada con las necesidades materiales de las personas afectadas.

1886: la Tuna Estudiantina de Salamanca postuló lpara los enfermos del hospital

La atención a los enfermos constituyó otra motivación frecuente de las estudiantinas postulantes. En 1886, la Tuna Estudiantina de Salamanca recorrió las calles de la ciudad solicitando ayuda para los enfermos del hospital, según informó la revista El Fomento en su edición del 15 de marzo (El Fomento, 1886, p. 3).

1887: se organizaron estudiantinas escolares para ayudar al hospital de Totana y a los pobres enfermos de paludismo en Cartagena

En marzo, Escolares de Totana organizaron una estudiantina con la finalidad de obtener recursos para el hospital de aquella localidad. La noticia publicada por el Diario de Murcia el 1 de marzo de 1887 permite conocer numerosos nombres de sus integrantes, los preparativos realizados y la colaboración de mujeres de la localidad que confeccionaron la bandera utilizada por la agrupación (Diario de Murcia, 1887a, p. 2). Este caso resulta interesante porque demuestra que una iniciativa estudiantil podía movilizar a personas que no participaban directamente en las actuaciones. La colaboración se extendía a quienes facilitaban los ensayos, preparaban elementos materiales o apoyaban la organización.

Luego, en octubre del mismo año, encontramos estudiantina integrada por universitarios lorquinos matriculados en Derecho y Ciencias, que desarrolló actividades destinadas a auxiliar a los pobres enfermos de Cartagena, localidad afectada entonces por una epidemia de paludismo (Diario de Murcia, 1887b, p. 2; Martín Sárraga, 2022, pp. 295-296).

Estos testimonios muestran que las salidas benéficas podían responder tanto a las necesidades asistenciales permanentes de un hospital como a situaciones sanitarias extraordinarias.

La procedencia académica de algunas agrupaciones constituye un elemento importante: estudiantes de diferentes especialidades participaron en iniciativas que los vinculaban con las necesidades de otras comunidades.

1893: las estudiantinas auxiliaron a los heridos, viudas y  huérfanos de las guerras en el norte de África y en Cuba y Filipinas

Los conflictos bélicos también motivaron la organización de estudiantinas para socorrer a soldados que regresaban a casa heridos, enfermos o mutilados, así como a familiares necesitados de quienes habían fallecido. La documentación permite identificar este tipo de actuaciones durante las campañas españolas en el norte de África y durante las guerras de Cuba y Filipinas.

En 1893, con motivo de la campaña de Melilla, encontramos estudiantinas organizadas para auxiliar a los soldados afectados por el conflicto. Entre ellas figuran agrupaciones de Valladolid, Zamora, Burgos y Almería, cuyas actividades aparecen recogidas en periódicos como El Día, El Imparcial, El Heraldo de Madrid y La Vanguardia (Martín Sárraga, 2026, pp. 156-157). Estas campañas españolas en el norte de África continuaron generando actividades solidarias durante las primeras décadas del siglo XX.

Posteriormente, durante las campañas de Cuba y Filipinas, encontramos noticias de estudiantinas que salieron a solicitar ayuda para los heridos y enfermos, así como para atender las necesidades de los soldados repatriados y sus familias. Entre 1895 y 1900 se documentan actividades de agrupaciones vinculadas con instituciones docentes y sociedades musicales que colaboraron con iniciativas asistenciales y con la Cruz Roja (Martín Sárraga, 2017).

1912: la Estudiantina del Instituto de Murcia recabó ayudas para auxiliar a viudas y soldados heridos de la Guerra del Rif

En febrero de 1912, la Estudiantina del Instituto de Murcia desarrolló una iniciativa para auxiliar a viudas y soldados heridos de la Guerra del Rif, según la información publicada por El Liberal (El Liberal, 1912, p. 3; Martín Sárraga, 2026, p. 214).

Todavía en 1925 y 1926 aparecen noticias sobre estudiantinas organizadas para ayudar a los mutilados de aquellas campañas, con testimonios en Murcia y Alicante. Las fuentes muestran que estas actividades no fueron consecuencia de una única guerra, sino de una necesidad asistencial que reaparecía con los sucesivos conflictos.

1921-1929: cuando una estudiantina femenina estuvo al servicio de los niños necesitados

Durante las primeras décadas del siglo XX encontramos estudiantinas que dedicaron sus actividades a instituciones destinadas a proteger y asistir a niños necesitados. La ayuda podía consistir en colaborar con hospitales infantiles, casas de acogida, asilos, cantinas o roperos escolares. Este tipo de actuaciones adquiere particular importancia porque demuestra que la beneficencia estudiantil no estuvo limitada a situaciones de emergencia.

También existieron iniciativas destinadas a sostener instituciones asistenciales que desarrollaban una actividad continuada. Entre ellas destaca la labor de la Estudiantina de la Escuela Normal de Maestras de La Laguna, cuya trayectoria constituye uno de los ejemplos mejor documentados de la relación entre música, educación y compromiso social.

La Estudiantina de la Escuela Normal de Maestras de La Laguna desarrolló una actividad pública documentada entre 1921 y 1929. Su importancia histórica no se debe únicamente a que estuviera integrada por mujeres, sino a la continuidad de sus actuaciones benéficas y a la estrecha relación que mantuvo con las instituciones de protección infantil de su localidad. Su actividad estuvo vinculada a la Cantina Escolar y al Ropero Infantil de La Laguna, iniciativas impulsadas por Elpidia Rodríguez González, profesora y directora de la Escuela Normal de Maestras. Cabe señalar que sus actividades a favor de los niños necesitados cesó cuando esta directora fue destinada a la península.

La Cantina Escolar había sido inaugurada el 3 de mayo de 1915. Su finalidad consistía en proporcionar alimentación a niños necesitados, mientras que el Ropero Escolar se ocupaba de facilitarles vestido y calzado (González Pérez, 1994, pp. 331-334; Asencio González, 2013).

La Prensa , 2 de marzo de 1927

La documentación institucional permite conocer incluso la concepción educativa que inspiraba aquellas iniciativas. El Reglamento de la Cantina establecía entre sus objetivos la protección del derecho de los niños a recibir alimento e instrucción. No se trataba, por tanto, de una actividad asistencial desvinculada de la enseñanza, sino de una institución que buscaba favorecer la escolarización de menores cuyas circunstancias económicas dificultaban su asistencia regular a las clases. En este contexto se comprende mejor el papel desempeñado por las normalistas.

Las integrantes de la estudiantina eran futuras maestras que participaban en actividades relacionadas directamente con las necesidades educativas y materiales de la infancia. La música se convirtió así en un medio para apoyar una iniciativa asistencial promovida desde el propio ámbito docente.

Las primeras noticias sobre la estudiantina aparcen en 1921, cuando encontramos a sus integrantes postulando durante las fiestas de Carnaval en favor de los niños desamparados de La Laguna (Eco del Magisterio Canario, 1921; Martín Sárraga, 2022, pp. 325-326). 

En febrero de 1922, la agrupación participó en una función benéfica celebrada en el Teatro Leal de La Laguna, interpretando diferentes composiciones musicales. Según la información publicada por la Gaceta de Tenerife, aquella actuación contó con setenta integrantes y formó parte de una iniciativa destinada a apoyar económicamente a la Cantina Escolar (Gaceta de Tenerife, 1922, p. 2; Asencio González, 2013).

La estudiantina no limitó sus actuaciones a La Laguna. Las noticias permiten reconstruir recorridos por Santa Cruz de Tenerife, Tacoronte, La Orotava y Puerto de la Cruz, entre otras localidades. Durante estas salidas, las estudiantes actuaban en espacios públicos y visitaban a personas e instituciones que podían contribuir al sostenimiento de la Cantina y el Ropero. La organización de los recorridos implicaba desplazamientos, ensayos y la colaboración de personas que facilitaban los medios de transporte. Las fuentes muestran, por tanto, que la actividad benéfica formaba parte de una iniciativa colectiva en la que participaban las estudiantes, el profesorado, instituciones docentes, autoridades locales y diferentes colaboradores.

Una noticia publicada por la Gaceta de Tenerife el 13 de marzo de 1924 permite conocer algunos detalles significativos de la actividad de aquellas estudiantes. La Junta de la Cantina Escolar expresó públicamente su agradecimiento por las actuaciones de la estudiantina, destacando la colaboración recibida en diferentes localidades y la participación de personas e instituciones que habían contribuido a las cuestaciones. Entre las entidades y autoridades mencionadas figuraban representantes de centros docentes, corporaciones municipales y otras instituciones públicas. La prensa también agradeció la ayuda de particulares que facilitaron gratuitamente medios de transporte y colaboraron en la organización de los desplazamientos (Gaceta de Tenerife, 1924, p. 1; Asencio González, 2013). 

Estos testimonios permiten comprender cómo la estudiantina actuaba como punto de encuentro entre diferentes sectores de la sociedad. La iniciativa partía del ámbito educativo, pero su desarrollo dependía también de la respuesta de quienes presenciaban las actuaciones y contribuían a sus objetivos. La Cantina y el Ropero Escolar eran las instituciones beneficiarias, mientras que las normalistas desempeñaban una función activa en la movilización de recursos.

Las actuaciones de la Estudiantina Normalista continuaron durante la segunda mitad de la década. Uno de los testimonios más expresivos de la actitud de aquellas estudiantes corresponde a 1926.n La documentación recogida por Teresa González Pérez, catedrática de Historia de la Educación, y Rafael Asencio González permite conocer que las integrantes procuraban disminuir los gastos derivados de sus desplazamientos y actuaciones. Entre las medidas adoptadas figuraba llevar sus propios alimentos durante las excursiones, evitando así determinados gastos que habrían reducido los recursos destinados a la Cantina Escolar. La documentación también señala que algunos propietarios colaboraban facilitando gratuitamente vehículos para los desplazamientos de la agrupación (González Pérez, 1993; Asencio González, 2013; Martín Sárraga, 2022, pp. 327-328).

Este comportamiento añade una dimensión especialmente significativa a la actividad benéfica. Las normalistas no se limitaron a organizar actuaciones para solicitar donativos. También adoptaron medidas destinadas a conseguir que una mayor parte de lo obtenido pudiera utilizarse para atender a los niños. La decisión refleja una preocupación por la finalidad de la iniciativa y por la gestión de los recursos puestos a su disposición. Sugerimos leer a Teresa González Pérez para conocer mejor la obra de la Cantina y el Ropero Escolar.

En 1927, la prensa documentó nuevamente su participación en las fiestas de Carnaval y su actividad musical, mientras que las noticias de 1929 seguían haciendo referencia a sus recorridos benéficos.

El último año de actividad localizado corresponde precisamente a 1929 (Gaceta de Tenerife, 1929a, p. 1; 1929b, p. 1; Martín Sárraga, 2022, p. 328).

La trayectoria de esta agrupación permite reconocer una diferencia importante respecto de otras estudiantinas creadas para responder a una desgracia puntual. En La Laguna encontramos una actividad benéfica reiterada durante varios años, estrechamente vinculada a instituciones asistenciales de carácter permanente. Su caso demuestra que la solidaridad podía constituir no solamente el motivo de una salida concreta, sino una de las principales finalidades de la participación pública de una agrupación académica.

En su Tesis, esta autora aporta interesante contenido de 1929: En ocasiones, los alumnos de la Normal cooperaron solidariamente con sus compañeras realizando actividades para recaudar fondos. De este modo, en 1929 los alumnos colaboraron con la rondalla en los días de carnaval e, incluso, representaron conjuntamente una obra dramática en el Teatro Leal. La escasa cooperación de los alumnos normalistas se debió a la falta de estímulo por parte del profesorado y a la mentalidad social que reservaba las tareas benéficas a las mujeres. Por otra parte, algunos profesores de la Normal masculina no aprobaban la intervención del alumnado porque estimaban que había otras vías para recaudar fondos que no exigían el esfuerzo de los alumnos (A.E.M.L.L. Libro de Actas del Claustro de la Escuela Normal Masculina (9-1-1928 a 31-1-1931). En claustro del día 22 de enero de 1929. Fol. 8 rto.).

1920: la Tuna Escolar-Médica Valenciana participó en iniciativas para auxiliar al Hospital Infantil del doctor Gómez Ferrer

Durante la década de 1920 también encontramos a la Tuna Escolar-Médica Valenciana participando en iniciativas para auxiliar al Hospital Infantil del doctor Gómez Ferrer. Las noticias y estudios disponibles documentan actuaciones destinadas a esta institución y desplazamientos por diferentes localidades españolas con la finalidad de obtener recursos para su sostenimiento (Perales Birlanga, 2009, p. 309; Martín Sárraga, 2022, p. 329).

La coincidencia entre la vinculación académica de los integrantes y la finalidad sanitaria de las actuaciones resulta particularmente interesante. Aunque no podemos presumir que todos los participantes mantuvieran idénticas motivaciones, la documentación demuestra que algunas agrupaciones relacionadas con los estudios de Medicina desarrollaron actividades benéficas dirigidas a instituciones hospitalarias.

La postulación no siempre terminaba al finalizar la actuación

Los testimonios presentados permiten reconocer diferentes momentos en la organización de las actividades benéficas. En primer lugar, encontramos la decisión de constituir o reorganizar una estudiantina para atender una necesidad determinada. Posteriormente, sus integrantes preparaban las actuaciones y gestionaban las colaboraciones necesarias. Durante los recorridos públicos solicitaban donativos, en ocasiones acompañados por músicos externos o por otras personas vinculadas a la finalidad anunciada. Finalmente, los recursos obtenidos podían entregarse a instituciones, juntas de socorro o responsables encargados de su distribución.

En algunos casos, la prensa permite seguir el proceso hasta conocer su destino concreto. La adquisición de instrumental quirúrgico para el Hospital de San Juan de Dios de Orihuela, la participación de estudiantes barceloneses en actuaciones relacionadas con el reparto de socorros en Murcia y la colaboración reiterada de las normalistas de La Laguna con la Cantina Escolar constituyen ejemplos especialmente ilustrativos.

Pero no todas las noticias conservadas ofrecen el mismo grado de información. En ocasiones conocemos únicamente el anuncio de una salida futura, mientras que en otras contamos con testimonios posteriores sobre su desarrollo, los colaboradores y los beneficiarios.

También debemos recordar que la existencia de una finalidad benéfica no significa que todos los participantes actuaran gratuitamente.

La carta publicada por el presidente del Cuerpo Escolar Salmantino en noviembre de 1879 demuestra precisamente que algunas funciones generaban gastos y que no todos los colaboradores renunciaban a sus remuneraciones. Estas circunstancias no invalidan la finalidad asistencial de las iniciativas, pero obligan a comprenderlas dentro de sus verdaderas condiciones materiales.

La dimensión social de las actuaciones benéficas

Los casos expuestos permiten reconocer varias características de las estudiantinas postulantes.

La primera es su capacidad de responder a necesidades muy diversas. Las agrupaciones se movilizaron ante catástrofes extraordinarias y ante situaciones de pobreza y enfermedad.

La segunda es su capacidad de organización colectiva. Los testimonios de Almería, Salamanca y Barcelona demuestran que las actuaciones requerían coordinación, distribución de responsabilidades y colaboración con otras personas e instituciones.

La tercera es la dimensión territorial de sus iniciativas. Las estudiantinas no limitaron necesariamente su ayuda a las localidades de procedencia de sus integrantes. Durante las inundaciones de 1879, estudiantes de diferentes lugares de España participaron en cuestaciones destinadas a auxiliar a poblaciones con las que no mantenían relaciones directas.

La cuarta característica corresponde a la diversidad de participantes. Encontramos agrupaciones masculinas, femeninas, académicas y no académicas que desarrollaron actividades benéficas con finalidades semejantes.

Finalmente, las fuentes permiten apreciar que sus cuestaciones contribuían a establecer relaciones entre las estudiantinas y la sociedad. Las agrupaciones solicitaban colaboración pública, pero también recibían ayuda de instituciones, autoridades, comerciantes, empresas de transporte y particulares que facilitaban sus actividades. La beneficencia aparecía, de este modo, como una iniciativa compartida que trascendía a los integrantes de las estudiantinas.

Consideraciones finales

Las noticias hemerográficas y los documentos conservados demuestran que numerosas estudiantinas españolas realizaron actividades benéficas durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX.

Los ejemplos de Orihuela en 1878, la movilización por los náufragos del Cantábrico, las cuestaciones organizadas con motivo de las inundaciones de Levante de 1879, las actuaciones ante los terremotos de Andalucía y las iniciativas de ayuda a hospitales y enfermos permiten reconstruir diferentes formas de participación solidaria. De otra parte, la trayectoria de las normalistas de La Laguna, entre 1921 y 1929, añade una dimensión  importante: la continuidad de una actividad musical destinada a sostener instituciones educativas y asistenciales. En conjunto, estos testimonios permiten comprobar que la ayuda a los necesitados no fue una actividad ajena a la historia de las estudiantinas ni una interpretación incorporada posteriormente para ennoblecer su memoria.

Estuvo presente en numerosas iniciativas documentadas por la prensa contemporánea y, en determinados casos, constituyó la razón principal para organizar o reorganizar una agrupación. No significa que todas las estudiantinas fueran benéficas ni que todas sus actuaciones tuvieran un carácter altruista. La diversión carnavalesca, la sociabilidad estudiantil y otras motivaciones coexistieron con las actividades asistenciales pero ignorar estas últimas supondría prescindir de una parte importante de su trayectoria histórica.

Hubo estudiantes para quienes salir de estudiantina no consistía solamente en interpretar música o participar en las fiestas, sino también en dedicar su tiempo, esfuerzo y capacidad de organización a aliviar las necesidades de otras personas. Y quizá sea esta una de las enseñanzas más interesantes que podemos extraer de aquellos testimonios: en una época de importantes dificultades sociales, las estudiantinas encontraron ocasiones para convertir una actividad festiva en una iniciativa de ayuda colectiva.

Sus instrumentos llevaron música a las calles, pero muchas de sus salidas tuvieron un destino que iba más allá de la fiesta: contribuir al socorro de quienes atravesaban momentos difíciles.

Referencias bibliográficas

Fuentes primarias

Adelante. Revista salmantina de ciencias, artes, literatura e intereses materiales. (1879a, 2 de noviembre, p. 3).

Adelante. Revista salmantina de ciencias, artes, literatura e intereses materiales. (1879b, 16 de noviembre, p. 2).

Ayuntamiento de Murcia. (1879). Acta de la sesión extraordinaria que celebró el Ayuntamiento de Murcia en 13 de noviembre de 1879. Establecimiento Tipográfico de La Paz.

Crónica Meridional. (1879, 21 de noviembre, p. 3).

Diari Català: Politich y literari. (1879, 11 de noviembre, p. 2).

Diario de Murcia. (1879, 27 de noviembre, p. 2).

Diario de Murcia. (1885a, 28 de enero, p. 3).

Diario de Murcia. (1887a, 1 de marzo, p. 2).

Diario de Murcia. (1887b, 18 de octubre, p. 2).

El Eco del Magisterio Canario. (1921, 15 de febrero). 

El Fomento. (1886, 15 de marzo, p. 3).

El Liberal. (1912, 19 de febrero, p. 3).

El Magisterio Español. (1879a, 5 de noviembre, p. 19.

El Magisterio Español. (1879b, 25 de noviembre, pp. 2-3).

El Segura. Semanario orcelitano. (1878a, 26 de julio, p. 1).

El Segura. Semanario orcelitano. (1878b, 18 de julio, p. 5).

El Tiempo. (1914, 12 de abril, p. 3).

Estudiantina organizada en Almería. (1879). La Estudiantina organizada en Almería a favor de las víctimas de la inundación, a las bellas almerienses [Folleto]. Imprenta del Comercio. Colección de Rafael Asencio González.

Gaceta de Tenerife. (1922, 15 de febrero, p. 2).

Gaceta de Tenerife. (1924, 13 de marzo, p. 1).

Gaceta de Tenerife. (1926, 25 de mayo, p. 1).

Gaceta de Tenerife. (1929a, 10 de febrero, p. 1).

Gaceta de Tenerife. (1929b, 1 de marzo, p. 1).

La Academia. Semanario ilustrado universal. (1878, 15 de mayo, pp. 1 y 13).

La Correspondencia de España. (1878, 2 de mayo, p. 2).

La Correspondencia de España. (1879a, 25 de octubre, p. 3).

La Prensa. (1927, 2 de marzo, p. 3).

Le Monde Ilustré. (1879, 29 de noviembre, p. 1).

Programa ofrecido por la orquesta de bandurrias y guitarras El Fígaro Jerezano en el Casino Jerezano el 16 de enero de 1885. Colección de Héctor, facilitado el 12 de mayo de 2015.

Estudios históricos

Asencio González, R. (2013). La Estudiantina de la Escuela Superior de Maestras de La Laguna (Tenerife): 1921-1929. Estudio histórico y consideraciones. TVNAE MVNDI.

Couchoud Sebastiá, R. & Sánchez Ferlosio, R. (1965). Hidrología del Segura. Efemérides Hidrológica y fervorosa recopilada y escrita por el Dr. Ing. Rafael Couchoud Sebastiá en colaboración con el Bachiller Rafael Sánchez Ferlosio. Madrid: Imprenta de Silverio Aguirre.

González Pérez, T. (1994). Las escuelas de Magisterio en el primer tercio del siglo XX: La formación de maestros en La Laguna. Universidad de La Laguna. [Tesis doctoral, Universidad de La Laguna].

Martín Sárraga, F. O. (2014). Estudiantinas que postularon en o por Murcia. Epidemias y catástrofes por las que desarrollaron su actividad. TVNAE MVNDI.

Martín Sárraga, F. O. (2017). La Guerra Hispanoamericana y la actividad benéfica de las Tunas y Estudiantinas. TVNAE MVNDI.

Martín Sárraga, F. O. (2022). Compromiso social de las estudiantinas y tunas universitarias desde su creación hasta la Segunda República [Tesis doctoral, Universidad de Murcia].

Martín Sárraga, F. O. (2026). La hija del carnaval: Origen y evolución de la Tuna Universitaria (2.ª ed.). TVNAE MVNDI. 

Perales Birlanga, G. (2009). El estudiante liberal: Sociología y vida de la comunidad escolar universitaria de Valencia (1875-1939). Colección: Biblioteca del Instituto Antonio de Nebrija de Estudios sobre la Universidad, n.º 17. Madrid: Editorial Dykinson. 

Valle Marcelino, H. (2014).  El debate historicista en la Tuna: Difusionismo frente a Evolucionismo. 1901. La Estudiantina de la Facultad de Medicina de Cádiz, ¿influencias de Murcia y Granada? TVNAE MVNDI.


Publicación: 06/11/2026

Dirección:

Calle Sierra de la Espada, 20
Urbanización La Alcayna
30507 Molina de Segura (Murcia)  ESPAÑA

Director de Investigación:

Félix O. Martín Sárraga

presidente@tunaemundi.com
f.martin.sarraga@gmail.com