Desde el siglo XIX las estudiantinas femeninas socorrieron a los necesitados

 

Félix O. Martín Sárraga
Doctor en Historia

ORCID: https://orcid.org/0000-0001-7451-0984

La presencia de mujeres en las estudiantinas españolas es una realidad histórica que comienza a documentarse durante las últimas décadas del siglo XIX, mucho antes de que pudieran acceder libremente a la Universidad y de que las tunas académicas adquirieran las características organizativas que hoy reconocemos. Su participación se manifestó inicialmente en agrupaciones carnavalescas, musicales y benéficas, y alcanzó posteriormente a las estudiantinas vinculadas con instituciones docentes, donde las estudiantes encontraron nuevas posibilidades de actuación pública y participación colectiva (Martín Sárraga, 2016b; Martín Sárraga, 2022, pp. 324-328, 378-379).

Esta evolución no fue uniforme. Las fuentes permiten identificar agrupaciones exclusivamente femeninas, estudiantinas mixtas, conjuntos de intérpretes de instrumentos de cuerda, agrupaciones corales acompañadas por músicos contratados y estudiantinas que realizaban cuestaciones sin interpretar necesariamente música. La diversidad de sus composiciones y actividades obliga a evitar una interpretación retrospectiva que atribuya a todas ellas las características de las actuales tunas universitarias (Martín Sárraga, 2016b; Martín Sárraga, 2026, pp. 225-230).

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Imagen creada por el autor usando IA.

Sin embargo, todas comparten un aspecto especialmente relevante: como las agrupaciones varoniles, aparecieron antes desde iniciativas relacionadas con el carnaval e hicieron visible la presencia de mujeres en esta manifestación cultural que durante mucho tiempo se ha considerado exclusivamente masculina. Podemos afirmarlo porque la prensa de su tiempo registró sus actuaciones, iniciativas benéficas y actividad pública.

Las primeras noticias documentadas

Uno de los testimonios más tempranos que he localizado procede de La Correspondencia de España del 6 de enero de 1883. El periódico anunciaba la participación de una estudiantina femenina en el Carnaval madrileño de aquel año, noticia incluida posteriormente en el catálogo cronológico de agrupaciones de mi tesis doctoral y en La hija del carnaval (La Correspondencia de España, 1883, p. 1; Martín Sárraga, 2022, p. 500; Martín Sárraga, 2026).

El dato permite establecer que, al comenzar 1883, la prensa ya hablaba de la formación de una estudiantina integrada por mujeres. No obstante, conviene distinguir el anuncio de su participación de la acreditación de una actuación efectivamente realizada: la noticia demuestra la existencia del proyecto. Esta precisión resulta importante porque los testimonios disponibles tienen diferente valor probatorio. Una fotografía, una crónica de concierto, una relación nominal de integrantes o el balance económico de una cuestación ofrecen informaciones importantes de su existencia.

Durante los años siguientes encontramos noticias mejor documentadas, particularmente en Cataluña, donde las estudiantinas mixtas participaron en actividades carnavalescas y benéficas (Martín Sárraga, 2016b; Martín Sárraga, 2022, pp. 378-379).

Cataluña, 1884: mujeres que salían a postular por los necesitados

Durante el Carnaval de Gerona de 1884 apareció una estudiantina mixta compuesta por trece hombres y doce mujeres. La agrupación recorrió calles y sociedades de la ciudad solicitando donativos destinados a socorrer a los pobres, acompañada por la orquesta del teatro de la localidad (El Demócrata, 1884, p. 3; Martín Sárraga, 2016b).

La noticia resulta particularmente interesante por la reacción que provocó la presencia femenina. El articulista manifestó su sorpresa ante aquellas mujeres vestidas de estudiantes, que recorrían las calles con la pandereta solicitando contribuciones benéficas. Su descripción revela que la participación de mujeres llamaba suficientemente la atención como para convertirse en un elemento destacado de la crónica (El Demócrata, 1884, p. 3).

Pero hay otro detalle que no debe pasar inadvertido: la estudiantina estuvo acompañada por una orquesta. Ees una prueba de que los integrantes de las primeras estudiantinas postulantes no tocaban instrumentos sino que salían a postulr y encargaban la música a una orquesta que debían pagar por sus servicios. La participación femenina está documentada, así como su actuación postulante, y la noticia demuestra que no todas aquellas agriupaciones fueran instrumentistas, tampoco los  hombres (recuérdese que fue una agrupación mixta).

En Palamós encontramos otro testimonio del mismo año. Otra estudiantina mixta realizó una cuestación cuya recaudación permitió auxiliar a veinticinco familias necesitadas. Según la información publicada, once recibieron ayudas en especie y dinero, mientras que otras catorce fueron socorridas mediante entregas económicas (Semanario de Palamós, 1884, p. 5; Martín Sárraga, 2016b).

Estas dos noticias ponen de manifiesto una característica de especial interés: las mujeres participaron en estudiantinas que desarrollaban actividades solidarias, no limitándose al entretenimiento carnavalesco.

La presencia femenina aparece, por tanto, vinculada desde sus primeros testimonios a dos elementos característicos del fenómeno decimonónico: el Carnaval y la beneficencia.

La Estudiantina Femenina de Dionisio Granados: una agrupación musical femenina con proyección internacional

La participación de las mujeres adquirió una dimensión diferente en los conjuntos musicales que adoptaron la denominación, el repertorio o la imagen de las estudiantinas.

Entre ellos sobresale la agrupación femenina organizada por Dionisio Granados, director de la célebre Estudiantina Española Fígaro, cuya trayectoria investigué en un estudio publicado en Tunae Mundi y posteriormente incorporado a mis trabajos de síntesis histórica (Martín Sárraga, 2017; Martín Sárraga, 2026).

El proyecto de Granados aparece relacionado con una agrupación de mujeres que utilizaba guitarras, bandurrias, castañuelas y panderetas, preparada para difundir un repertorio de inspiración española. Las noticias posteriores permiten seguir la actividad de una orquesta femenina dirigida por el mismo músico (Martín Sárraga, 2017).

Durante el verano de 1884, la publicación vienesa Wiener Theaterzeitung anunció una Orquesta Española de Conciertos integrada por catorce mujeres, bajo la dirección de Granados. Los anuncios, publicados en junio, julio, agosto y septiembre, vinculaban expresamente al director con la Estudiantina Fígaro y señalaban que las intérpretes utilizaban una indumentaria inspirada en aquella agrupación (Wiener Theaterzeitung, 1884; Martín Sárraga, 2017).

La documentación permite acreditar la promoción de aquella orquesta femenina en Viena, aunque no reconstruir de manera completa sus desplazamientos ni establecer con absoluta seguridad la identidad de todas sus integrantes.

Posteriormente encontramos a Granados dirigiendo conjuntos de señoritas en Madrid. En 1894 participó en la inauguración del café restaurante Los Basilios un quinteto integrado por Matilde y Emilia Arribas, Isabel y Emilia Granado y el propio Dionisio Granado, quien figuraba como director. El programa incluyó valses de Waldteufel y la Retreta austriaca (Martín Sárraga, 2017).

En 1896 la orquesta femenina dirigida por Granados realizó actuaciones en Lisboa y Oporto, regresó a Madrid y participó en conciertos celebrados en el Teatro Lara, el Teatro Moderno y otros espacios de la capital (La Correspondencia de España, 1896; Martín Sárraga, 2017).

Conviene, sin embargo, diferenciar esta trayectoria de la correspondiente a una estudiantina académica. Las fuentes describen una agrupación de carácter musical y profesional, sin que hayamos acreditado que sus integrantes fueran estudiantes. Su importancia reside en demostrar que las mujeres también participaron activamente en la difusión de la estética y la práctica musical de las estudiantinas españolas aunque, como en este caso, se tratase de una estudiantina comercial como La Fígaro.

La expansión de las estudiantinas femeninas en el ámbito hispanoamericano

La presencia de agrupaciones femeninas no quedó limitada a España. Durante las últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del XX encontramos ejemplos en diferentes países hispanoamericanos, algunos de ellos relacionados con la difusión internacional de las estudiantinas españolas (Martín Sárraga, 2016b; Martín Sárraga, 2026).

Un caso especialmente bien documentado corresponde a la Estudiantina Femenina Euterpe de San Juan del Río, México, organizada por iniciativa de María Ugalde en 1895. La agrupación ofreció actuaciones benéficas y estuvo integrada, entre otras intérpretes, por María Ugalde, Elisa, María y Dolores Guadarrama, Luisa Díaz, Carlota Trejo y Natalia Rojas. La prensa destacó su capacidad interpretativa pese al escaso tiempo que llevaban preparándose (El Monitor Republicano, 1895, citado en Martín Sárraga, 2016b).

Otro testimonio procede de Chile, donde en 1903 encontramos a la Estudiantina Femenina de Osorno, dirigida por el músico español Luis Salazar. La investigación de Edgardo Proboste Cárdenas identificó entre sus integrantes a las hermanas Luisa, Zulema, Guillermina y Estela Montalva Barrientos, así como a sus primas Elvira y Amelia Montalva García (Proboste Cárdenas, 2016). La agrupación utilizaba violines, violas, bandurrias, mandolinas, guitarras y panderos, interpretando un repertorio que incluía zarzuelas, operetas, polcas, galopas, cuadrillas y otros géneros musicales. Su indumentaria presentaba elementos inspirados en las estudiantinas españolas, como vestidos oscuros, capas cortas y prendas adornadas con encajes (Proboste Cárdenas, 2016).

Estos ejemplos muestran que la participación femenina también estuvo presente en la expansión internacional de las estudiantinas. 

Murcia, 1900: una estudiantina femenina en el Carnaval

Al comenzar el siglo XX encontramos nuevamente testimonios de agrupaciones exclusivamente femeninas en España.

En 1900, la prensa murciana informó de una estudiantina integrada por mujeres que distribuyó versos impresos durante las celebraciones carnavalescas e invitó a participar en las fiestas del Entierro de la Sardina. La noticia apareció en el Heraldo de Murcia y en Las Provincias de Levante (Heraldo de Murcia, 1900, p. 2; Las Provincias de Levante, 1900, p. 5; Martín Sárraga, 2016b).

La información presenta interés porque demuestra que ya las mujeres podían constituir agrupaciones propias y participar activamente en las celebraciones públicas sin necesidad de integrarse en estudiantinas masculinas.

El hecho de que repartieran versos impresos recuerda, además, una práctica habitual entre numerosas comparsas carnavalescas: utilizar composiciones poéticas para identificarse, dirigirse al público y participar en las festividades (Martín Sárraga, 2026).

Su clasificación debe mantenerse, por tanto, dentro del ámbito de las estudiantinas carnavalescas no académicas.

La estudiantina femenina murciana de 1914: música y compromiso con la sanidad

Uno de los testimonios más completos sobre una estudiantina exclusivamente femenina anterior a la consolidación de las tunas universitarias procede de Murcia.

Durante 1913 y 1914 desarrolló actividades una agrupación de señoritas dirigida musicalmente por el doctor José Pérez Mateos, con la finalidad de recaudar fondos destinados a la construcción del Sanatorio Antituberculoso de Sierra Espuña. La prensa y una fotografía tomada el 14 de febrero de 1914 permiten documentar su existencia y la identidad de numerosos participantes en aquella iniciativa (Martín Sárraga, 2022, pp. 324-325).

Fotografía original de la colección del autor

A diferencia de otros testimonios en los que únicamente se menciona la presencia femenina, en este caso conocemos la distribución instrumental de las integrantes gracias a una relación nominal publicada en la prensa.

Entre las intérpretes de bandurria figuraban María Coello, Estrella Maceres, María Giménez, Teresa Rubio, Remedios Izquierdo, Carmen Fernández, Catalina Brugarolas y Concha Martínez. Los laúdes estuvieron representados por Elvira Codina, Enriqueta Botella, María de la Cierva, María Rubio, Soledad Viscor y Pepita Martínez (El Tiempo, 1914a; Martín Sárraga, 2022, p. 325).

En la sección de guitarras encontramos, entre otras, a Carmen Cánovas, Hortensia Manresa, Elena Roig, Remedios García Serrano, Lola Maceres y Carmen Brugarolas. También se documentan intérpretes de pandereta y un numeroso conjunto de cantantes, entre ellas María Casalins, Mercedes Saura, Josefina Pardo, María Selgas y Matilde Saura (El Tiempo, 1914a; Martín Sárraga, 2022, p. 325).

La importancia de conservar estos nombres es evidente. Permiten pasar de una referencia genérica a las «señoritas» de una estudiantina al reconocimiento de mujeres concretas que participaron como instrumentistas y cantantes en una agrupación musical.

El 11 de abril de 1914 ofrecieron una función benéfica en el Teatro Romea de Murcia, cuyo programa incluyó la comedia Canción de cuna y un concierto interpretado por la estudiantina. La información aparecida al día siguiente destacó la buena acogida de la representación y la actuación musical (El Liberal, 1914, p. 1; El Tiempo, 1914b, p. 3).

El repertorio instrumental incluyó el pasodoble Thader, compuesto por Pérez Mateos; una serenata de Grieg; una fantasía de Aida; música de Los cadetes de la reina y una jota aragonesa del propio director. La crónica elogió la interpretación de las jóvenes y los aplausos recibidos (El Tiempo, 1914b, p. 3).

Esta agrupación constituye un testimonio especialmente significativo porque reúne tres elementos documentados: una composición femenina identificable, una actividad musical instrumental desarrollada públicamente y una finalidad benéfica relacionada con la atención sanitaria.

La estudiantina murciana de 1914 no necesita ser considerada universitaria para adquirir relevancia en la historia de las estudiantinas. Su interés reside precisamente en demostrar la diversidad de agrupaciones femeninas que existieron antes de que la vinculación académica se convirtiera en una característica predominante de las tunas.

Otras iniciativas solidarias: de la atención a los pobres al auxilio de los ancianos

La participación de mujeres en estudiantinas con finalidad benéfica continuó durante los años siguientes.

En febrero de 1918 encontramos una agrupación femenina postulando por las calles de Rojales, en la provincia de Alicante, para auxiliar a los pobres. Al año siguiente, otra estudiantina integrada por mujeres salió por Murcia recaudando fondos destinados al Asilo de Ancianos (El Liberal, 1918, p. 1; El Tiempo, 1919, p. 3; Martín Sárraga, 2022, p. 325).

Estos testimonios amplían el panorama de la participación femenina: las estudiantinas no estaban asociadas únicamente a las fiestas de Carnaval o a actuaciones musicales, sino que podían organizarse también para atender necesidades concretas de sus comunidades.

Conviene situarlas dentro de la tradición postulante que caracterizó a numerosas estudiantinas del siglo XIX y primer tercio del XX. La investigación de mi tesis doctoral permitió comprobar que la beneficencia, el auxilio a víctimas de catástrofes, la atención hospitalaria y el socorro de personas necesitadas figuraron entre las principales finalidades de aquellas actividades (Martín Sárraga, 2022, pp. 395-399).

En consecuencia, la solidaridad desarrollada por las estudiantinas femeninas no constituyó una práctica aislada o ajena a la evolución del fenómeno, sino una manifestación de las mismas motivaciones benéficas que impulsaron a numerosas agrupaciones masculinas y mixtas.

La incorporación al ámbito académico: las normalistas de La Laguna

La Estudiantina de la Escuela Superior de Maestras de La Laguna ocupa un lugar especialmente importante en esta evolución. Se trata de una agrupación femenina vinculada inequívocamente a una institución de enseñanza superior, cuya actividad está documentada desde 1921 hasta 1929 (Asencio González, 2013; Martín Sárraga, 2022, pp. 325-328; Martín Sárraga, 2026, pp. 225-229).

Para comprender su origen debemos recordar la labor de Elpidia Rodríguez González de Francés, profesora y directora de la Escuela Normal de Maestras de La Laguna, quien impulsó la creación de la Cantina Escolar y del Ropero Infantil. Estas instituciones tenían como finalidad proporcionar alimentación, vestido y calzado a niños necesitados, favoreciendo al mismo tiempo su asistencia a la escuela (González Pérez, 1993, pp. 331-347; Asencio González, 2013).

 La Unión Ilustrada. 30-03-1924.

La Cantina Escolar fue inaugurada el 3 de mayo de 1915 y contó desde entonces con diferentes mecanismos de financiación, entre ellos suscripciones, donativos, rifas y funciones públicas. La creación de una estudiantina femenina proporcionó a la institución una nueva vía para obtener recursos mediante actuaciones y cuestaciones (Asencio González, 2013).

La presentación pública de 1921

La agrupación debutó durante el Carnaval de 1921. Según la documentación recuperada por Rafael Asencio González, estaba integrada inicialmente por cerca de cincuenta jóvenes normalistas, cuyos nombres quedaron recogidos en un artículo de El Eco del Magisterio Canario (Asencio González, 2013).

Entre ellas encontramos a María Mac-Kay, Josefa Tresguerras, Luisa Machado, Carmen Hernández, Blanca Pérez, Juana Marrero, Rosario Barrera, Concepción Gutiérrez, Benigna Pérez Castro, Amelia Pérez Castro, Magdalena González y Pilar Machado, entre otras muchas (Asencio González, 2013).

La estudiantina recorrió las calles de La Laguna y posteriormente se trasladó a Santa Cruz de Tenerife, visitando autoridades, instituciones y establecimientos donde solicitó donativos destinados a la Cantina Escolar. La documentación permite conocer incluso algunos aspectos de sus desplazamientos y de la recepción que recibió en diferentes localidades (Asencio González, 2013).

Conviene destacar una particularidad de su organización musical: las normalistas interpretaban principalmente composiciones corales, acompañadas por una rondalla de músicos. Entre quienes colaboraron en la parte instrumental figuraba la flautista Adelaida Delgado, hija del compositor Francisco Delgado. Por tanto, no debemos presentar a todas las integrantes de la estudiantina como ejecutantes de instrumentos de cuerda cuando las fuentes identifican expresamente su función coral (Asencio González, 2013).

Esta distinción no disminuye su relevancia. Al contrario, demuestra que las estudiantinas podían adoptar formas musicales diversas y que su identidad no dependía necesariamente de que todos sus componentes fueran instrumentistas.

Una actividad benéfica cuyos resultados conocemos

La documentación conservada permite conocer los resultados económicos de sus actividades, circunstancia que otorga especial valor a este caso.

En 1921 la estudiantina obtuvo 1.567,45 pesetas de ingresos. Descontados los gastos, que ascendieron a 311,75 pesetas, quedaron 1.255,70 pesetas para la Cantina Escolar. Según la información recogida por Asencio González, aquella aportación permitió ampliar la atención a veintisiete niños más, alcanzando un total de setenta beneficiarios (Asencio González, 2013).

En 1922 participó con setenta integrantes en una función benéfica celebrada en el Teatro Leal. El programa incluyó el fado Fado liró, la canción americana Sol de la pampa, el vals Deseo y la barcarola Marina (Gaceta de Tenerife, 1922, p. 2; Martín Sárraga, 2022, p. 327).

Las actividades de aquel año proporcionaron 2.432,55 pesetas netas para la Cantina Escolar, procedentes de actuaciones, cuestaciones y diversos donativos, según el balance publicado por la propia institución (Asencio González, 2013).

El caso resulta especialmente interesante porque demuestra que la agrupación había dejado de ser una aparición puntual de Carnaval para convertirse en un instrumento de financiación de una obra benéfica mantenida a lo largo de varios años.

Los recorridos de 1924 y la transparencia de las cuentas

En 1924 las normalistas realizaron un amplio recorrido durante las fiestas carnavalescas. Actuaron en La Laguna, Santa Cruz de Tenerife, Tacoronte, La Orotava y Puerto de la Cruz, además de participar en una función celebrada en el Teatro Leal (Asencio González, 2013).

La prensa destacó sus actuaciones corales, la acogida del público y las cantidades recaudadas en las distintas localidades. La Gaceta de Tenerife publicó el 13 de marzo un balance que permitió conocer el destino de los fondos: 171,72 pesetas fueron entregadas a las Hermanitas de los Pobres y 2.506,80 pesetas a la Cantina Escolar (Gaceta de Tenerife, 1924, p. 1; Martín Sárraga, 2022, p. 327).

La publicación de las cuentas constituye un aspecto particularmente relevante. No se trataba únicamente de solicitar donativos, sino también de informar públicamente sobre las cantidades obtenidas y su distribución.

La estudiantina desarrollaba así una actividad cultural y solidaria vinculada a la comunidad, dentro de una institución educativa que había incorporado la beneficencia a sus objetivos de proyección social.

El esfuerzo de las propias estudiantes

La documentación permite conocer también las medidas adoptadas para reducir gastos durante las salidas postulantes.

En 1926, las normalistas procuraron disminuir los costes de los desplazamientos y la alimentación, llevando consigo sus comidas para destinar una mayor parte de lo recaudado a la Cantina Escolar. El balance de aquel año permitió entregar 1.258,40 pesetas netas a la institución (La Prensa, 1926, citado en Asencio González, 2013; Martín Sárraga, 2022, pp. 327-328).

Este comportamiento ofrece una evidencia especialmente expresiva del compromiso de las integrantes. La actividad benéfica no se limitaba a solicitar dinero a otras personas; también implicaba esfuerzos personales para reducir los gastos de la organización.

En 1927 la estudiantina participó en el concurso de rondallas y comparsas de Santa Cruz de Tenerife, donde obtuvo un premio de 125 pesetas. Su actividad musical y postulante continuó durante los años siguientes, encontrándose los últimos testimonios de su actuación en el Carnaval de 1929 (Asencio González, 2013; Martín Sárraga, 2022, p. 328).

La trayectoria de esta agrupación demuestra que las mujeres podían organizar una estudiantina de origen académico, desarrollar un repertorio propio, actuar ante el público, desplazarse por diferentes localidades y sostener durante años una iniciativa benéfica.

Orihuela, 1927: una tuna escolar femenina y su actividad postulante

Otro ejemplo significativo corresponde a la Tuna Escolar femenina de Orihuela, cuya actividad quedó documentada durante el Carnaval de 1927.

El periódico El Pueblo informó de que la agrupación estaba integrada por estudiantes que salieron a postular por la ciudad para allegar recursos destinados a instituciones benéficas. La prensa publicó una fotografía de sus integrantes acompañada de sus nombres (El Pueblo, 1927a, 1927b; Martín Sárraga, 2014).

Tuna Escolar femenina de Orihuela. El Pueblo. 07-03-1927.

La documentación permite conocer tanto el entusiasmo despertado por la agrupación como algunas circunstancias de su actividad. Las autoridades locales impidieron que otras estudiantinas visitantes realizaran cuestaciones durante aquellos días, decisión justificada en la prensa por la voluntad de favorecer la iniciativa de las jóvenes oriolanas (Martín Sárraga, 2014).

El balance económico resulta particularmente ilustrativo. Durante los días 27 y 28 de febrero y 1 de marzo se recaudaron 1.831,91 pesetas. Los gastos ascendieron a 725,50 pesetas, quedando un líquido de 1.106,41 pesetas que fue entregado al Patronato de la Caridad Oriolana (El Pueblo, 1927b; Martín Sárraga, 2014).

Las cuentas incluyen, entre otros conceptos, gastos de transporte, fotografías, impresión y contratación de una orquesta. Este último dato obliga nuevamente a distinguir la pertenencia a una estudiantina de la ejecución instrumental directa por sus integrantes (Martín Sárraga, 2014).

El caso de Orihuela demuestra que la expresión tuna escolar podía emplearse para designar una agrupación femenina de estudiantes cuya actividad principal era la postulación benéfica, aunque su música pudiera estar acompañada por intérpretes externos.

También ello se aplica a la Estudiantina de la Escuela de Maestras de La Laguna. Llamada también Estudiantina Normalista en su época, mantuvo una importante labor benéfica durante los años que se mantuvo activa  

Fotografía de La Prensa del  día 2 de marzo de 1927

Otras estudiantinas femeninas de centros docentes

La documentación de los años veinte y treinta permite identificar otras agrupaciones vinculadas con instituciones educativas.

En 1924 encontramos una estudiantina femenina de la Escuela Católica Maurista del Distrito de la Universidad de Madrid, que participó en una fiesta benéfica celebrada en el Teatro Español (Blanco y Negro, 1924; Martín Sárraga, 2026, p. 229).

También se documentan estudiantinas femeninas en el Colegio Calasancio de la Sierra, en 1928-1929; en el Colegio de San José de Calasanz de Córdoba, en 1929; y en el Colegio de las Esclavas de Bilbao, en 1938 (Martín Sárraga, 2022, p. 379).

Estudiantina Femenina del Colegio Calasancio de la Sierra (1929). La Voz, diario gráfico de información. 26-10-1929.

Estos ejemplos ponen de manifiesto que la presencia femenina no quedó circunscrita a las escuelas de formación superior, sino que también alcanzó a centros de enseñanza preuniversitaria.

Su inclusión en la historia de las estudiantinas académicas debe realizarse respetando la naturaleza de cada institución. No es equivalente una estudiantina de maestras en formación, una agrupación de alumnas de colegio y una tuna integrada por estudiantes universitarios, aunque todas compartieran determinados elementos musicales o festivos.

Precisamente esa diversidad constituye una de las características más interesantes del fenómeno estudiado.

Presencia pública y reconocimiento social

Las primeras estudiantinas femeninas deben entenderse dentro de una sociedad que establecía diferencias importantes entre los espacios de participación de hombres y mujeres.

La aparición de estas agrupaciones en calles, plazas, teatros y actos públicos permitió que las mujeres adquirieran una visibilidad que la prensa registró de maneras diferentes. Algunos cronistas destacaron su belleza o la sorpresa que producía verlas vestidas de estudiantes; otros prestaron atención a sus cualidades musicales, a su actividad benéfica o a las cantidades recaudadas (Martín Sárraga, 2016b; Asencio González, 2013).

El examen de estas noticias exige distinguir el comportamiento de las integrantes de la manera en que fueron representadas por quienes escribieron sobre ellas.

Que un periódico dedicara buena parte de su crónica a elogiar el aspecto físico de las intérpretes no significa que esa fuera la característica más importante de su actividad. La documentación demuestra que también organizaron conciertos, interpretaron repertorios musicales, realizaron desplazamientos y participaron en iniciativas solidarias.

Esta distinción resulta indispensable para evitar que los prejuicios presentes en las fuentes condicionen nuestra reconstrucción histórica.

Las estudiantinas femeninas no fueron únicamente objetos de curiosidad periodística. Fueron agrupaciones con integrantes identificables, actividades concretas y, en numerosos casos, finalidades sociales perfectamente documentadas.

Consideraciones finales

El estudio de las primeras estudiantinas femeninas permite establecer varias conclusiones.

En primer lugar, la presencia de mujeres en el fenómeno de las estudiantinas está documentada desde el último cuarto del siglo XIX, aunque los testimonios iniciales presentan diferente grado de precisión sobre la composición y actividad real de cada agrupación (Martín Sárraga, 2016b; Martín Sárraga, 2022, pp. 378-379).

En segundo lugar, las mujeres participaron tanto en estudiantinas mixtas como en conjuntos exclusivamente femeninos, desarrollando actividades musicales, carnavalescas y benéficas. La agrupación murciana de 1914 ofrece una prueba particularmente importante de su participación como instrumentistas, mientras que la Estudiantina Normalista de La Laguna demuestra su protagonismo en la interpretación coral y la organización de cuestaciones sostenidas durante varios años (Martín Sárraga, 2022, pp. 324-328; Asencio González, 2013).

En tercer lugar, la evolución desde las estudiantinas carnavalescas no académicas hacia las vinculadas con centros docentes evidencia la progresiva ampliación de los espacios de participación femenina, favorecida por las transformaciones de la enseñanza y de la vida social española (Martín Sárraga, 2022, pp. 378-380; Martín Sárraga, 2026, pp. 225-230).

Por último, la dimensión solidaria de estas agrupaciones constituye una característica esencial de su historia. Su actividad permitió allegar recursos para los pobres, los ancianos, la atención sanitaria y la alimentación de niños necesitados, contribuyendo a las mismas finalidades benéficas que impulsaron a numerosas estudiantinas masculinas y mixtas (Martín Sárraga, 2022, pp. 324-328, 395-399).

Las primeras estudiantinas femeninas no deben valorarse únicamente por haber incorporado mujeres a una manifestación cultural universitaria predominantemente masculina. Su importancia histórica reside también en que aquellas mujeres organizaron actividades benéficas, ocuparon espacios públicos y contribuyeron al bienestar de sus comunidades.

Reconocer su participación no supone reinterpretar arbitrariamente la tradición, supone recuperar una parte de su historia mediante los testimonios que han llegado hasta nosotros porque aquellas mujeres no fueron simples espectadoras del pasado de las estudiantinas. Ellas participaron en su construcción.

Referencias bibliográficas

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Publicación: 04/11/2026

 

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