Félix O. Martín Sárraga, Doctor en Historia
ORCID:000-0001-7451-0984
La participación de las mujeres en las tunas universitarias españolas experimentó importantes transformaciones durante el siglo XX. Su evolución estuvo estrechamente relacionada con los cambios políticos, educativos y sociales del país, particularmente con la reorganización de la Universidad durante el franquismo y la progresiva incorporación femenina a los estudios superiores.
Sin embargo, para comprender este proceso debemos evitar una interpretación que ha condicionado durante décadas el conocimiento de la historia de estas agrupaciones: considerar que la tuna fue siempre una institución exclusivamente masculina y que las mujeres comenzaron a participar en ella a finales del siglo XX.
Como hemos documentado en los artículos anteriores de esta serie, la presencia femenina en las estudiantinas españolas se remonta al último cuarto del siglo XIX y está acreditada en agrupaciones académicas mixtas anteriores a la Guerra Civil. La Tuna de la Universidad Central de Madrid constituye uno de los ejemplos mejor conocidos, con testimonios reiterados entre 1924 y 1936 (Martín Sárraga, 2016, pp. 75-81; Martín Sárraga, 2022, pp. 227-229).

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La cuestión que debemos plantearnos es, por tanto, cómo evolucionó esa participación durante las décadas posteriores, en qué medida las nuevas estructuras políticas condicionaron la organización de las tunas y cuáles fueron las circunstancias que favorecieron la expansión de las agrupaciones femeninas desde finales del siglo XX.
La documentación disponible permite responder a estas preguntas, aunque también obliga a introducir matices que impiden establecer explicaciones demasiado sencillas.
La Guerra Civil y la reorganización de la vida universitaria
La Guerra Civil española y la instauración de la dictadura de Francisco Franco supusieron una profunda transformación del sistema universitario.
La Universidad quedó sometida a un proceso de reorganización política e institucional, dentro del cual adquirió especial protagonismo el Sindicato Español Universitario (SEU), organización vinculada a Falange Española Tradicionalista y de las JONS.
Las tunas, como agrupaciones integradas por estudiantes, también quedaron sujetas a aquella estructura. Su actividad comenzó a depender progresivamente de decisiones administrativas y políticas que afectaban a su organización, sus desplazamientos y sus posibilidades de actuación pública (Asencio González, 2011; Martín Sárraga, 2012; Martín Sárraga, 2026).
Conviene precisar que las estudiantinas anteriores a la Guerra Civil tampoco habían disfrutado siempre de absoluta libertad organizativa. En diferentes periodos estuvieron sometidas a autorizaciones municipales para realizar cuestaciones, desfilar por las calles o participar en las fiestas de Carnaval.
La diferencia fundamental estriba en que, durante la dictadura, ese control pasó a ejercerse mediante una estructura política y universitaria centralizada.
La regulación no fue simplemente una cuestión relacionada con el orden público. Afectó también a la autonomía de las agrupaciones y a determinadas prácticas que habían caracterizado históricamente a las estudiantinas académicas.
1955: el control de las tunas por el Sindicato Español Universitario
Una de las fuentes primarias más importantes para conocer la organización de las tunas durante el franquismo es la Circular de la Dirección General de Seguridad de 10 de marzo de 1955, publicada en el Boletín Oficial del Estado del 18 de marzo, página 1788.
La disposición establecía que, para actuar y desfilar por la vía pública, las agrupaciones musicales estudiantiles debían contar con autorización escrita de la Dirección General de Seguridad, que únicamente se concedería después de obtener un informe del Sindicato Español Universitario (Dirección General de Seguridad, 1955, p. 1788). La misma circular exigía que el jefe de la tuna llevara consigo una relación nominal de los integrantes, acompañada de sus domicilios y de la facultad en la que cursaban estudios.
Esta disposición permite conocer varios aspectos de la situación existente en aquellos momentos.
En primer lugar, confirma que la Administración reconocía oficialmente a las tunas como agrupaciones musicales estudiantiles. En segundo lugar, demuestra que las actuaciones públicas estaban sujetas a un procedimiento de autorización administrativa. Finalmente, acredita que el SEU intervenía directamente en el control de sus actividades.
La obligación de presentar una relación nominal de componentes resulta especialmente interesante para la investigación histórica. De conservarse aquellos expedientes, proporcionarían información extraordinariamente valiosa sobre la composición de las tunas de mediados del siglo XX.
Pero el control institucional no terminó ahí.
La Orden General número 195 del SEU, de 12 de noviembre de 1955, cuya publicación se referencia en el Boletín del Movimiento del 1 de diciembre y en el BOE del 7 de diciembre, desarrolló la regulación de estas agrupaciones.
En su articulado se plasma el control (Asencio González, 2011; Martín Sárraga, 2012):
Art. 1º: "No podrán existir más Tunas que las dependientes del Sindicato Español Universitario, correspondiéndole exclusivamente al Jefe del S.E.U. [Sindicato Español Universitario] su creación, organización y supresión. Para su funcionamiento dependerán del Jefe del Departamento de Actividades Culturales".
Art. 2º: Se crea un "Servicio Nacional de Tunas", enmarcado en el Departamento de Actividades Culturales, al que se otorga la dirección y control en las actuaciones de carácter nacional.
Art. 4º: "El Jefe de la Tuna será designado por el Jefe del S.E.U. y pertenecerá a la Primera Línea o a la organización de encuadramiento político equivalente. La Tuna podrá tener un director musical que dependerá del Jefe de la misma".
También se creó un Servicio Nacional de Tunas, integrado en el Departamento de Actividades Culturales, encargado de supervisar las actuaciones de carácter nacional.
El reglamento regulaba la designación de los jefes de las agrupaciones, determinados aspectos de su indumentaria, los desplazamientos y los programas de actividades.
Estas disposiciones demuestran que las tunas habían perdido una parte considerable de su autonomía tradicional.
La transformación de la actividad benéfica
Otro aspecto relevante de la normativa afectó a las cuestaciones públicas, la dictadura determinó que se abandonara la postulación espontánea.
El artículo quinto de la Orden de noviembre de 1955 sometía los recursos económicos de las tunas al control de la administración sindical y restringía la realización de colectas públicas y contratos comerciales sin la correspondiente autorización.
Esta regulación modificó sustancialmente las condiciones en que podían desarrollarse las actividades benéficas que habían caracterizado a numerosas estudiantinas desde el siglo XIX (Asencio González, 2011; Martín Sárraga, 2013).
No debemos interpretar esta normativa como prueba de que desapareciera cualquier actuación solidaria de las tunas durante la dictadura. Lo que demuestra es que una actividad anteriormente promovida por muchas agrupaciones desde su propia iniciativa quedó sometida a controles institucionales, perdiendo la libertad que disfritaban antes.
Este cambio ayuda a comprender la transformación experimentada por las tunas de mediados del siglo XX: su consolidación dentro de las estructuras universitarias fue acompañada de una pérdida de autonomía organizativa.
La mujer universitaria durante el franquismo: entre las restricciones y la realidad de las aulas
La situación de las mujeres en la Universidad franquista tampoco puede explicarse únicamente mediante la afirmación de que desaparecieron de la enseñanza superior.
La dictadura promovió un modelo social diferenciado para hombres y mujeres. La Sección Femenina tuvo un papel fundamental en la formación política, educativa y moral de las españolas, defendiendo modelos de feminidad vinculados a la familia, la maternidad y las funciones tradicionalmente consideradas femeninas.
Sin embargo, este contexto ideológico no impidió que continuaran existiendo mujeres universitarias ni que su número aumentara con el transcurso de las décadas.
Las investigaciones sobre la enseñanza superior durante el franquismo demuestran que las estudiantes siguieron accediendo a la Universidad, aunque condicionadas por desigualdades sociales, limitaciones profesionales y expectativas familiares diferentes de las atribuidas a los hombres (Gómez Cuesta y Rodríguez Serrador, 2023; Barrera López, 2022).
Begoña Barrera López ha estudiado específicamente la Sección Femenina del SEU entre 1939 y 1965, demostrando que las mujeres también participaron en las estructuras del sindicalismo universitario falangista, aunque dentro de una organización jerarquizada y subordinada a las instancias masculinas (Barrera López, 2022).
Por su parte, Mónica Moreno Seco ha analizado la participación de las universitarias en los movimientos estudiantiles antifranquistas entre 1960 y 1975, poniendo de manifiesto que la presencia femenina adquirió una dimensión creciente en la vida política y social de las universidades durante los últimos años de la dictadura (Moreno Seco, 2020).
Estas investigaciones independientes proporcionan el contexto necesario para analizar la historia de las tunas femeninas.
No sería correcto afirmar que las mujeres desaparecieron de las universidades durante el franquismo. Tampoco lo sería suponer que su progresiva presencia en las aulas se tradujo automáticamente en una participación equivalente dentro de todas las agrupaciones estudiantiles. La relación entre ambas realidades necesita estudiarse mediante fuentes específicas.
La identificación cultural de la tuna como agrupación masculina
Durante el franquismo se consolidó una imagen pública de la tuna estrechamente asociada a los hombres.
Las agrupaciones masculinas adquirieron una notable presencia en películas, actuaciones televisivas, grabaciones discográficas y certámenes estudiantiles. Esta difusión contribuyó a popularizar una determinada representación del tuno universitario, vestido con prendas historicistas e interpretando música de pulso y púa.
Uno de los testimonios más significativos de aquella asociación cultural procede de la publicidad comercial. En 1965, una campaña del brandy Soberano difundida en las salas cinematográficas y en televisión presentó diferentes actividades sociales consideradas masculinas bajo el lema «Soberano... es cosa de hombres». Entre las escenas representadas figuraban las tunas, junto a otras actividades como las carreras automovilísticas, el fútbol y los encierros de toros (Publicidad de Soberano, 1965; Martín Sárraga, 2016, pp. 72-73).
Este anuncio constituye una fuente histórica de interés para el estudio de las representaciones sociales. No demuestra por sí solo cuándo comenzó a identificarse la tuna como una actividad exclusivamente masculina, ni permite establecer las causas de esa identificación. Pero sí acredita que, a mediados de los años sesenta, la asociación entre tuna y masculinidad resultaba suficientemente reconocible como para utilizarse en un mensaje publicitario dirigido al público general.
La cuestión histórica consiste en distinguir aquella imagen predominante de la realidad completa de las agrupaciones existentes porque durante esos mismos años también encontramos tunas femeninas.
Las tunas femeninas durante el franquismo: una presencia que no desapareció
La documentación conservada demuestra que las agrupaciones femeninas continuaron existiendo durante la dictadura.
Entre los testimonios reunidos en mis investigaciones figura una Tuna Femenina del Colegio de la Asunción en 1949. Posteriormente encontramos agrupaciones femeninas en Oviedo, Bilbao, Barcelona y diferentes centros educativos españoles (Martín Sárraga, 2012; Martín Sárraga, 2026).
Es imprescindible distinguir su diferente naturaleza institucional.
No todas eran universitarias. Algunas pertenecían a colegios de enseñanza secundaria o a instituciones religiosas, mientras que otras estaban vinculadas a colegios mayores universitarios o a organizaciones estudiantiles.
Esta distinción resulta fundamental porque la existencia de una tuna femenina escolar no permite afirmar, por sí sola, que estuviera integrada por universitarias.
Sin embargo, todas forman parte de la historia de las agrupaciones musicales que adoptaron la denominación y determinadas características de las estudiantinas y tunas.
Hubo una tuna femenina universitaria en Oviedo en 1948 y también entre 1955 y 1957
De la tuna de 1948 solo tenemos evidencia de su existencia por la fotografía de una de sus integrantes (Foto Arrieta, 08-03-1948. Colección del autor).
Uno de los casos mejor conocidos corresponde a la Tuna Femenina del Colegio Mayor Universitario Santo Tomás de Aquino de Oviedo.
Su historia pudo recuperarse mediante entrevistas realizadas por el autor a María de los Ángeles Monje Cantero, antigua integrante de la agrupación, quien conservaba fotografías y recuerdos personales de su participación (Martín Sárraga, 2015).
María de los Ángeles había estudiado Magisterio en León y posteriormente se trasladó a Oviedo para cursar estudios universitarios. Durante su estancia en el Colegio Mayor conoció a otras estudiantes que interpretaban diferentes instrumentos musicales.
Ella misma había aprendido a tocar el laúd gracias a su primo, Jesús Martín Cantero, integrante de una tuna de Peritos Industriales de Gijón.
En 1955, junto con otras residentes del colegio, propuso a la directora del centro la creación de una tuna femenina. La iniciativa recibió el respaldo de la institución, que facilitó un profesor de música para orientar los ensayos y la preparación del repertorio.
El testimonio oral permite conocer algunos detalles especialmente significativos de su funcionamiento.
La agrupación realizaba ensayos, participaba en actividades culturales del Colegio Mayor y protagonizaba encuentros musicales con estudiantes de otros centros.
Según recordaba María de los Ángeles, aproximadamente seis o siete integrantes tocaban instrumentos con suficiente soltura para intervenir en las actuaciones de la rondalla, aunque el conjunto de muchachas que participaban en la tuna era más numeroso (Martín Sárraga, 2015).
Las fotografías conservadas, tomadas entre 1955 y 1957, permiten identificar directamente a varias integrantes y estudiar su indumentaria.
Utilizaban zapatos y medias negras, pantalones cortos abombachados, jubón oscuro, camisa blanca con cuello y puños alechugados y capa negra. A pesar de tratarse de una tuna colegial universitaria, no portaban beca, circunstancia coherente con las transformaciones que experimentó este distintivo durante la segunda mitad del siglo XX (Martín Sárraga, 2015, 2022).
La documentación de Oviedo reviste especial interés porque combina diferentes tipos de fuentes: testimonio personal, fotografías fechadas y contextualización institucional.
La presencia de aquellas mujeres no depende exclusivamente de una noticia periodística. Puede reconstruirse a partir de recuerdos directos de una participante y de documentos gráficos de la época.
Estamos ante una agrupación femenina vinculada a un Colegio Mayor Universitario que existió durante los mismos años en que el SEU reforzaba el control de las tunas académicas.
Este caso impide sostener que durante el franquismo fuera imposible la existencia de tunas femeninas dentro de instituciones universitarias.
La tuna universitaria femenina de Barcelona de 1961, primera en grabar un disco
Otro testimonio especialmente significativo procede de Barcelona.
La existencia de la agrupación no se acredita únicamente mediante referencias periodísticas. Contamos también con testimonios discográficos, una fuente primaria especialmente valiosa para estudiar la actividad musical.
El caso resulta significativo por su denominación: Rondalla Femenina Universitaria del SEU de Barcelona, tímida manera de reconocer su existencia sin reconocerla como tuna. Los catálogos discográficos conservan referencias de grabaciones publicadas por el sello Regal en 1961, entre ellas los discos identificados con las referencias SEDL 19280, SEDL 19281 y SEDL 19287 (Euzomo, s. f.). Su repertorio incluyó Estudiantina portuguesa, Clavelitos, Sebastopol, La aurora y La tuna compostelana.
La documentación fonográfica demuestra que no se limitaron a participar ocasionalmente en una celebración universitaria. Desarrollaron una actividad musical que llegó al mercado discográfico. La adscripción al sindicato estudiantil y la composición femenina de la agrupación aparecen expresamente asociadas en la documentación discográfica.
Por tanto, la existencia de Las Alegres Estudiantes constituye una evidencia de participación musical de una tuna femenina universitaria dentro de las estructuras institucionales del propio franquismo.
La Tuna de Antiguas Alumnas del Colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón de Bilbao de 1961 - 1962
Animada por los chicos de la época, tuvo un doble objetivo (benéfico y artístico) y una de sus normas internas contempló que sus integrantes se dieran de baja tan pronto se comprometieran en matrimonio.
Lamentablemente solo hemos hallado los datos aportados por el artículo de Manuel Gómez Ortíz.
Bilbao y otras agrupaciones femeninas de los años sesenta
En 1957 está documentada una Tuna Femenina de Bilbao mediante un marcapáginas de plata conservado en la colección del autor (Martín Sárraga, 2016).
La agrupación reaparece en las noticias de 1962, cuando ABC informó de una Tuna Femenina de Bilbao integrada por dieciséis señoritas (ABC, 1962, p. 9).
La coexistencia de un objeto conmemorativo anterior y una noticia posterior permite establecer la existencia de testimonios separados en el tiempo, aunque no demuestra por sí sola que la composición de la tuna permaneciera inalterada durante todo ese intervalo.
En esos años encontramos también a una tuna femenina vinculada a antiguas alumnas del Colegio de las Esclavas de Cádiz, así como otras agrupaciones escolares femeninas en diferentes localidades (Martín Sárraga, 2012).
La distribución geográfica de estos testimonios constituye un elemento de interés. La presencia femenina no estuvo limitada a una sola ciudad ni a una institución particular.
Ahora bien, para determinar su número total, su continuidad y su vinculación académica sería necesario disponer de un censo exhaustivo de las agrupaciones de aquel periodo, tarea que la documentación actualmente reunida no permite dar por concluida.
Una tuna femenina, invitada de honor al certamen nacional celebrado en Córdoba en 1964
Uno de los testimonios más relevantes de toda esta etapa corresponde al VII Certamen Nacional de Tunas Universitarias, celebrado en Córdoba el 12 de abril de 1964.
En el concurso participaron agrupaciones procedentes de Madrid, Granada, Valencia, Tarragona, Gijón, Valladolid y Córdoba asistiendo la Tuna Femenina de Barcelona como invitada de honor y participando fuera de concurso, al igual que una agrupación de la Universidad Laboral Onésimo Redondo de Córdoba.
La noticia fue publicada por la edición sevillana de ABC el 14 de abril de 1964 y por la revista Semana el 21 de abril, que difundió fotografías de las agrupaciones participantes, incluida la tuna femenina barcelonesa (ABC, 1964, p. 8; Semana, 1964). La importancia de este acontecimiento resulta difícil de exagerar.
En plena dictadura franquista, cuando las tunas universitarias estaban sometidas al control institucional del SEU, esta agrupación femenina recibió reconocimiento público como invitada de honor en un certamen nacional. No se trató de una agrupación que actuara clandestinamente ni de un conjunto musical cuya denominación fuera atribuida posteriormente por los investigadores. La prensa de la época la identificó expresamente como tuna femenina y documentó su participación en el acontecimiento.
Esta evidencia permite establecer que la identificación oficial y pública de determinadas agrupaciones como tunas no estuvo condicionada de manera absoluta por la composición masculina de sus integrantes.
Con ello queda acreditado que la presencia femenina fue reconocida públicamente dentro de un acontecimiento de especial relevancia para las tunas universitarias.
La Palma, 1966-1969: el testimonio de una integrante de la Tuna Nazaret-Excélsior
La investigación histórica sobre las tunas femeninas cuenta también con testimonios recuperados fuera de los estudios específicamente dedicados a estas agrupaciones.
Uno de los más interesantes procede de María Victoria Hernández Pérez, cronista oficial de Los Llanos de Aridane y antigua componente de la Tuna Nazaret-Excélsior, formada por alumnas del colegio del mismo nombre en la isla canaria de La Palma.
En dos artículos publicados entre diciembre de 2023 y enero de 2024, Hernández reconstruyó la trayectoria de aquella agrupación a partir de sus recuerdos personales, fotografías familiares y referencias de prensa de la época (Hernández Pérez, 2023, 2024).
La autora relata que la enseñanza musical de instrumentos de cuerda y púa comenzó a desarrollarse en el Colegio Nazaret durante los primeros años de la década de 1960.
La Tuna Nazaret-Excélsior realizó su presentación pública en la plaza de España de Los Llanos de Aridane el 30 de abril de 1966, acontecimiento recogido posteriormente por el Diario de Avisos y por la revista escolar Vergel (Hernández Pérez, 2023). Entre sus integrantes figuraban Consuelo y Piluca Álvarez Lorenzo, Digna Acosta Hernández, Rosa Gómez, Gloria Nieves León Hernández, la propia María Victoria Hernández Pérez y otras alumnas del colegio. Las jóvenes interpretaban sus piezas con guitarras, bandurrias, laúdes, bandolinas y timples, incluyendo composiciones corales de su repertorio.
Su actividad se extendió a actuaciones públicas, celebraciones religiosas, encuentros musicales y desplazamientos a otras localidades. En enero de 1968 participaron en un concurso de villancicos celebrado en Santa Cruz de Tenerife, donde obtuvieron el primer premio de agrupaciones instrumentales juveniles, según el testimonio de su antigua integrante y las noticias periodísticas citadas en su investigación (Hernández Pérez, 2024).
La trayectoria de esta agrupación resulta especialmente importante por dos razones. En primer lugar, aporta un testimonio independiente sobre la presencia femenina en conjuntos de características similares a las estudiantinas durante el franquismo. En segundo lugar, demuestra las posibilidades de combinar fuentes orales y fotografías con noticias de prensa contemporáneas.
Debemos insistir, no obstante, en que Nazaret-Excélsior fue una agrupación escolar y no una tuna universitaria. Su interés para este artículo reside en mostrar la continuidad de la tradición musical femenina y su proyección pública durante la segunda mitad del siglo XX.
La transición democrática y la transformación de las universidades
La desaparición del SEU como estructura de control universitario y la posterior transición democrática modificaron profundamente las condiciones de participación estudiantil.
La Constitución española de 1978 reconoció derechos fundamentales como la libertad de asociación, proporcionando un marco jurídico distinto para la organización de agrupaciones culturales y universitarias. Desde entonces, las tunas se vieron obligadas a desarrollar sus actividades como asociaciones culturales y bajo estructuras propias, aunque la transformación de sus formas organizativas no fue necesariamente inmediata ni uniforme.
Al mismo tiempo, se produjo un crecimiento sostenido de la población universitaria española y una transformación muy importante de su composición por sexos.
Las mujeres, que durante las primeras décadas del siglo XX habían constituido una minoría reducida del alumnado, alcanzaron progresivamente una presencia semejante a la de los hombres. Esta transformación debe relacionarse con la expansión de las tunas femeninas, aunque no podemos suponer que ambas evoluciones siguieran exactamente el mismo ritmo.
El crecimiento de las mujeres universitarias: datos oficiales
La publicación Las mujeres en el sistema educativo, elaborada por el Centro de Investigación y Documentación Educativa y el Instituto de la Mujer en 2001, permite conocer la evolución de la presencia femenina en la Universidad española durante el último cuarto del siglo XX. Según el gráfico 3.7 de esta publicación, las mujeres representaban el 36,70 % del alumnado universitario en 1975, el 44 % en 1980, el 49,46 % en 1985 y el 50,96 % en 1990. En 1999 habían alcanzado el 53,03 % (CIDE e Instituto de la Mujer, 2001, p. 117).
Estos datos muestran un cambio extraordinariamente importante: en apenas quince años, entre 1975 y 1990, las mujeres pasaron de constituir poco más de un tercio del alumnado universitario a representar ligeramente más de la mitad. Esta evolución es indispensable para comprender las transformaciones de la sociabilidad universitaria.
La tuna no existía al margen de las instituciones docentes. Sus integrantes procedían del alumnado y egresados; sus actividades se desarrollaban en relación con el ambiente social y cultural de cada universidad.
Por ello, el incremento de mujeres universitarias amplió las posibilidades de creación de agrupaciones femeninas (universitaarias) y mixtas (preuniversitarias), aunque la formación efectiva de nuevas tunas dependió también de factores locales, musicales y asociativos.
La coincidencia cronológica constituye un indicio importante de relación entre ambos fenómenos.
Los años ochenta: una nueva etapa para las tunas femeninas universitarias
Durante la década de 1980 comenzaron a adquirir mayor visibilidad las tunas femeninas vinculadas a facultades y universidades españolas.
La documentación reciente de la Universidad de Cádiz aporta un ejemplo particularmente ilustrativo. Según una información institucional publicada el 8 de enero de 2026, durante la Navidad de 1983 se constituyó la Tuna Femenina de Filosofía y Letras de Cádiz. La agrupación contó con aproximadamente catorce integrantes y desarrolló su actividad hasta 1985 (Universidad de Cádiz, 2026). Este testimonio permite acreditar la creación de una tuna universitaria femenina en los primeros años de aquella década.
Conviene destacar que no estamos ante la primera aparición de mujeres en la historia de las tunas ni ante la primera agrupación femenina de origen académico. Lo que encontramos es una nueva etapa de expansión, desarrollada en un contexto universitario diferente del existente durante el franquismo.
La organización de tunas femeninas pasó a relacionarse cada vez más con la creciente presencia de mujeres en las facultades, con nuevas iniciativas asociativas y con la voluntad de participar directamente en una manifestación cultural universitaria.
Los años noventa: la consolidación de las agrupaciones femeninas
Durante los años noventa continuó la creación y consolidación de tunas femeninas en las universidades españolas.
Según el registro de agrupaciones utilizado en la investigación publicada en Tunae Mundi en octubre de 2026, aproximadamente el 5 % de las tunas femeninas españolas detectadas comenzó su actividad durante la década de 1980, alrededor del 45 % durante los años noventa y más del 50 % desde el año 2000 (Martín Sárraga, 2026).
Dicho trabajo no constituye un censo histórico de todas las tunas femeninas que existieron en España, sino una distribución cronológica de las agrupaciones identificadas en un momento dado. Tampoco permite determinar cuántas de las agrupaciones creadas en cada década desaparecieron posteriormente, ni reconstruir las diferencias territoriales. Sin embargo, ofrece una orientación sobre la importancia de los años noventa y del primer cuarto del siglo XXI en la expansión de estas agrupaciones.
Este proceso estuvo acompañado por la participación femenina en certámenes, la consolidación de repertorios musicales propios, los viajes universitarios y la creación de redes de relación entre tunas de diferentes universidades.
Su evolución demuestra que las mujeres no se limitaron a reproducir una imagen externa de las agrupaciones masculinas. También participaron en la organización, transmisión musical y desarrollo de nuevas asociaciones.
El siglo XXI: una tradición compartida
La evolución posterior demuestra que la presencia de mujeres se ha convertido en una realidad estable dentro del conjunto de las tunas universitarias, aunque su distribución entre universidades y facultades continúa siendo desigual.
El caso de la Universidad de Cádiz vuelve a proporcionar información significativa. En enero de 2026, la institución documentaba la existencia de tres tunas femeninas: la de Medicina, en Cádiz; la de Ciencias Sociales y de la Comunicación, en Jerez; y la de Peritas, en Algeciras (Universidad de Cádiz, 2026).
La Tuna Femenina de Medicina comenzó su actividad en abril de 2016. Por su parte, la de Ciencias Sociales y de la Comunicación surgió durante el curso 2022-2023. Tras un periodo de formación musical y de participación en actividades universitarias, quedó oficialmente constituida el 15 de noviembre de 2024. La Universidad destaca la colaboración inicial de la tuna masculina de la facultad en la formación musical de sus integrantes, circunstancia que constituye un ejemplo concreto de transmisión de conocimientos entre agrupaciones, muy posiblemente gracias a la costumbre del apadrinamiento.
La Tuna de Peritas de Algeciras desarrolló un proceso semejante de formación y consolidación.
Estos casos demuestran que las tunas femeninas pueden compartir con las masculinas prácticas relacionadas con el aprendizaje instrumental, la organización interna, la interpretación de repertorios, los viajes y la participación en certámenes. También permiten comprobar que las relaciones entre agrupaciones masculinas y femeninas no responden necesariamente a un único modelo de confrontación o exclusión.
Existen experiencias de colaboración, transmisión musical y convivencia, aunque ello no significa que hayan desaparecido todas las diferencias de participación o los conflictos que puedan presentarse en determinados entornos.
Tunas masculinas, femeninas y mixtas: igualdad y diversidad
La realidad contemporánea global presenta agrupaciones masculinas, femeninas y mixtas.
Su coexistencia plantea una cuestión importante desde el punto de vista histórico y cultural: ¿debemos considerar que únicamente una de estas modalidades representa legítimamente la tradición?
La documentación histórica no permite sostener semejante afirmación.
Las estudiantinas académicas del siglo XIX fueron un reflejo de la matr´ícula universitaria, mayoritariamente masculina. Por ello estuvieron integradas mayoritariamente por hombres, pero existen testimonios posteriores de agrupaciones femeninas y mixtas anteriores a la Guerra Civil.
Desde finales del siglo XX, la incorporación creciente de las mujeres a la Universidad favoreció una expansión mucho más amplia de estas agrupaciones. Durante el franquismo continuaron existiendo tunas femeninas, incluso vinculadas con instituciones universitarias y con el propio SEU. Por tanto, la historia de la tuna no corresponde a una estructura social inmutable, sino a una manifestación cultural que ha experimentado transformaciones relacionadas con la evolución de la propia sociedad universitaria.
Ahora bien, la igualdad de participación y la uniformidad organizativa no son conceptos equivalentes. Que mujeres y hombres puedan participar en una manifestación cultural no implica necesariamente que todas sus agrupaciones deban tener idéntica composición, normativas de régimen interno ni repertorios, por mencionar solo algunos aspectos de su cotidianeidad.
La cuestión exige distinguir el reconocimiento de la participación femenina de las características organizativas que adopten las distintas asociaciones, sin olvidar que las condiciones reales de acceso y pertenencia también deben analizarse cuando se estudia la igualdad. Esta distinción adquiere especial importancia en los debates contemporáneos sobre la protección del patrimonio cultural inmaterial.
La mujer y la consideración patrimonial de la tuna universitaria
La Resolución de 4 de junio de 2025 de la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes, por la que se incoó expediente para declarar la tuna universitaria manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, reconoció expresamente la presencia de mujeres en estudiantinas y tunas universitarias.
El texto, publicado en el Boletín Oficial del Estado del 14 de junio de 2025, dedicó un apartado específico a la incorporación femenina, destacando la coexistencia de tunas masculinas, femeninas y mixtas. Este reconocimiento institucional tiene importancia porque incorpora la participación de las mujeres al relato oficial sobre la evolución de la manifestación cultural (Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes, 2025).
No obstante, el documento también vincula la dictadura franquista con la desaparición de las mujeres de las tunas, interpretación que requiere una precisión histórica.
La documentación que hemos presentado demuestra que durante la dictadura existieron agrupaciones femeninas escolares, colegiales universitarias y vinculadas al SEU. Por consiguiente, no puede hablarse de una desaparición absoluta.
Resultaría más preciso estudiar cómo las políticas educativas, las diferencias entre los espacios de sociabilidad masculina y femenina y las restricciones asociativas condicionaron las posibilidades de participación de las mujeres, sin ignorar las agrupaciones que efectivamente continuaron existiendo. Esta diferencia no es meramente terminológica.
El reconocimiento patrimonial de una manifestación cultural debe apoyarse en un conocimiento documentado de su evolución y evitar que las interpretaciones generales sustituyan a las evidencias conservadas.
La historia de las tunas femeninas durante el franquismo constituye precisamente un ejemplo de la importancia de revisar las afirmaciones generales a la luz de fuentes primarias.
Conservar la tradición exige conocer su evolución
La historia de las tunas universitarias españolas permite comprobar que muchas de sus características actuales surgieron a lo largo de un proceso de transformación.
Las denominaciones, la indumentaria, las relaciones con las universidades, los repertorios musicales, las actividades benéficas y las estructuras organizativas experimentaron modificaciones durante los siglos XIX y XX.
La composición de las agrupaciones también formó parte de ese proceso.
El predominio masculino de buena parte de su historia no debe ocultarse porque constituye una realidad documental, pero tampoco puede convertirse en argumento para negar la existencia de mujeres en las estudiantinas y tunas académicas de épocas anteriores.
El franquismo reforzó determinadas formas de organización y contribuyó a consolidar una imagen predominantemente masculina de la tuna. Sin embargo, las fuentes muestran que aquella identificación no fue absoluta. Las mujeres participaron en agrupaciones colegiales y universitarias, realizaron actuaciones públicas, interpretaron música, grabaron discos y recibieron reconocimiento en certámenes celebrados durante la propia dictadura.
Posteriormente, el crecimiento de la población universitaria femenina y las transformaciones asociativas de la España democrática favorecieron una expansión más amplia de las tunas femeninas. Este recorrido demuestra que no estamos ante una tradición que hubiera permanecido inmóvil hasta finales del siglo XX. Estamos ante una manifestación cultural cuya evolución debe estudiarse atendiendo a las circunstancias históricas de cada periodo.
Consideraciones finales
El estudio de la participación femenina en las tunas universitarias durante el franquismo y la democracia permite establecer varias conclusiones.
La primera es que la Guerra Civil y la reorganización de la Universidad modificaron las condiciones de funcionamiento de las agrupaciones académicas. El SEU adquirió un control institucional que quedó expresamente regulado mediante disposiciones oficiales de 1955.
La segunda es que durante el franquismo se difundió una imagen predominantemente masculina de la tuna, reconocible incluso en la publicidad comercial. Pero esta representación cultural no puede confundirse con la desaparición de todas las agrupaciones femeninas.
La tercera es que la documentación acredita la existencia de tunas femeninas durante la dictadura. El caso del Colegio Mayor Santo Tomás de Aquino de Oviedo, las grabaciones de Las Alegres Estudiantes de Barcelona, la y la participación de una tuna femenina en el VII Certamen Nacional de 1964 constituyen testimonios particularmente significativos.
La cuarta es que la expansión de las tunas femeninas desde los años ochenta debe relacionarse con la transformación de la Universidad española, aunque el incremento del alumnado femenino no explica por sí solo todos los factores que determinaron la creación de nuevas agrupaciones.
Finalmente, las fuentes permiten reconocer que la diversidad actual de tunas masculinas, femeninas y mixtas forma parte de una evolución histórica mucho más compleja de lo que habitualmente se supone.
Conservar una tradición no significa imaginarla inmutable, sino conocer las circunstancias que permitieron su aparición, desarrollo y transformación.
La historia no debe utilizarse para imponer al pasado las preferencias del presente, pero tampoco para convertir las costumbres de una época en verdades eternas.

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La participación femenina en las tunas universitarias no comenzó con la democracia ni desapareció por completo durante el franquismo. Su historia es anterior, más prolongada y mejor documentada de lo que durante décadas se ha transmitido, el problema es que su pasado está condicionado por el ínfimo número de investigadores interesados por desvelar su papel en la historia desde el rigor exigido por la academia.
Una tradición no deja de serlo porque evolucione. Lo que pone en peligro su comprensión es confundir las características adquiridas en un momento histórico con una esencia inmutable y al interpretar anacrónicamente los datos que se desvelen de su pasado.
Referencias bibliográficas
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ABC. (1964, 14 de abril, p. 8. Edición de Sevilla).
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Publicación: 05/11/2026