Yo también los he mandado a arrodillarse
Vemos constantemente que la sociedad evoluciona a tal velocidad que no hallamos tiempo para detenernos a valorar la necesidad e impacto de sus cambios. No se trata ya de la lucha de la mujer por ocupar su lugar en la sociedad (y en la tuna), como sensatamente sucedió hace décadas. Otros aspectos de las relaciones humanas también requieren su debida consideración y replanteamiento social, como el trato, ¿o debo decir maltrato?, a los novatos.
Desde hace lustros sostengo que en las novatadas ha de primar el ingenio, así como que las pruebas a las que se les someta no deben denigrarlos como persona. Ya no estamos en el Siglo de Oro cuando, en los Colegios, fue costumbre "poner nevado" al nuevo colegial y cuando la novatada de "arrastrar bayetas" generaba la hilaridad de los antiguos. Tampoco en el siglo pasado, cuando Lillian Gay Berry advirtió sobre la dureza de las novatadas universitarias en A Fifteenth-Century Guide to Latin Conversation for University Students en tiempos en los que la sociedad mantenía sus arquetipos de antaño. Más recientemente, en 2021, Ignacio Fernández de Mata publicó Ritos, maltrato y violencia en la vida estudiantil castellana de la Edad Moderna. El mismo año dicho profesor de la Universidad de Burgos publicó A bestia buena, vara y espuelas. Historia cultural del maltrato estudiantil y el libro Las novatadas: el maltrato como diversión, señales de que son fruto de una línea de investigación en curso.
Saliendo del ámbito académico, no hace mucho tiempo que espacios informativos de todo tipo de medios se prodigaron en noticias sobre los malos tratos al estudiante de primer año en las universidades españolas, así como en los colegios mayores y residencias universitarias. Abordaron temas como el acoso sexual y temas escatológicos, informando también sobre los delitos y castigos que pudieran generar, de los que el más trascendental para su vida es la expulsión de la universidad a quienes hicieran novatadas. Hasta la industria del cine se hizo eco de las novatadas el año pasado, logrando El aspirante (thriller psicológico sobre las novatadas en los colegios mayores) el Premio a la Mejor Película Nacional en el Atlántida Mallorca Film Festival. 
Por todo ello no ha de extrañar que alguna mente ociosa pueda poner su objetivo en la fase de aprendizaje de los pardillos en las tunas universitarias. Yo he de reconocer que también los he mandado a arrodillarse y que muchas "novatadas" de antaño son ahora socialmente inadmisibles. Muestra de ello fue que en este siglo presencié que un novato, cumplimentada debidamente su fase de pardillaje, se negó a arrodillarse en el acto de investidura con la beca y abandonó la tuna de inmediato, también verifiqué la decisión del rector de una universidad chilena que disolvió su tuna debido a las quejas que recibió de sus conciudadanos sobre la imagen y conducta que mostraban sus tunos cuando se encontraban ebrios por la calle.
Quizás la tolerancia generalizada y la muy escasa afición de nuestros veteranos (becados) a no leer lo que "no vaya a examen" esté en el origen de que no se implementen cambios significativos en la dinámica interna de las tunas, ni siquiera "de cara a la galería". Esta realidad determina la necesidad de cambiar y tomar medidas porque, a este ritmo de evolución social, la tuna que no las tome estará arriesgándose a que su universidad les prohíba el uso de sus emblemas y nombre, condenándolas a su desaparición. Será un nuevo paso de la constante evolución de nuestra tradición, ahora determinado por la vertiginosa velocidad con la que evolucionan las reglas y valores de las relaciones humanas. Nunca en su historia la sociedad evolucionó tanto en tan corto espacio de tiempo, ni tampoco la tuna se ha visto precisada a hacerlo como consecuencia de cambios importantes en los valores de la sociedad. Toca ahora aplicar el refrán castellano que dice «cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar».
Félix O. Martín Sárraga
Publicación: 11/08/2025


