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Fiestas de máscaras durante la Regencia de María Cristina

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Félix O. Martín Sárraga


Mucho hemos oído sobre la importancia de los cambios habidos bajo la regencia de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. Uno de ellos afecto al Carnaval, permitiendo su celebración pública mediante la Orden de 19 de Febrero de 1834 (que concedía permiso para poder celebrar los bailes de máscaras) y la Circular de 26 de diciembre de 1835 (que autorizaba a los Gobernadores Civiles a dar permiso para celebrar bailes de máscaras “conviniendo con los empresarios de los Teatros en que entregaran alguna cantidad de las recaudaciones para los establecimientos piadosos”) (1,2). 

Ello sucedió en una época en la que, tras la muerte de Fernando VII (1833), España estaba inmersa en la Primera Guerra Carlista debido al levantamiento armado de los partidarios de que el trono recayera en Carlos María Isidro (hermano de Fernando VII) y no en su hija Isabel. Esta contienda bélica pervivía en 1835 cuando, en el sitio de Bilbao, falleciera Tomás Zumalacárregui, el más destacado general carlista (3), finalizando en 1839. 

Guerra Carlista 1Carga militar durante la Primera Guerra Carlista (A)

Guerra Carlista 1 mapaMapa de la Primera Guerra Carlista (A)

Para valorar el tema de nuestro estudio nos dispusimos a realizar la búsqueda de informaciones relacionadas con ellas en la prensa histórica española. Sin intención de ser exhaustivos en los contenidos hallados, reflejamos a continuación los que aluden a comparsas de cualquier tipo.

Curiosamente, la primera información ocupa la primera página de Diario de Avisos de Madrid del 12 de enero de 1835 cuando se hiciera público una serie de prohibiciones (4):

«Por repetidos bandos de buen gobierno está prohibido el uso de carretillas y demás juguetes de pólvora con que en la temporada de carnaval acostumbran divertirse los muchachos á espensas* del decoro y aun de la seguridad personal de los pacíficos habitantes; pero visto que tu el presente año ha llegado ya este desurden á un punto escandaloso, y no pudiendo consentir la autoridad que cuando se proclama el imperio de las leyes, bajo el cual solo pueden saborearse los frutos de la justa libertad, llegue esta á confundirse con los estravíos* de una desenfrena licencia, se observarán con el mayor rigor las prevenciones siguientes:

1ª. Desde este día queda absolutamente prohibido el uso y venta de carretillas, petardos y cualquier otra invención de pólvora, así como también la de sales ó mistos que ocasionan un ruido desagradable.

2ª Tampoco se permitirá la antigua costumbre de poner masas, dar con guantes ó vejigas y otros pasatiempos tan pueriles como insultantes y ocasionados

3ª Habiendo acreditado la experiencia* que el juego llamado del columpio, usado por este tiempo en algunos barrios, no sólo es ofensivo á la moral pública, sino que puede producir desgracias de mucha consecuencia, no volverá a permitirse bajo ningún pretesto* semejante diversión, habiendo otras muchas lícitas y decorosas con que puede la gente solazarse y dar el  debido descanso á sus tareas.

El que contraviniese á cualquiera de estas disposiciones, de cuya puntual observancia quedan encargados los celadores de policía urbana y ministros de justicia, sufrirá 5 días de arresto en la carecí pública, conmutables en 200 rs. [reales] de multa, sin perjuicio de las demás penas en que pudiera incurrir, según las circunstancias del esceso* cometido.

Madrid 11 de enero de 1835. Joaquín Vizcaino, marqués de Pontejos. Narciso Rincón, secretario».

(*) Se escribía así antes de la normalización de la lengua española.

El 8 de febrero el anuncio de los espectáculos a ofrecer en el Teatro Apolo de Madrid evidencia que todavía se requería permiso real para celebrar actividades relacionadas con el carnaval, publicándose (5):

«Apolo. Los empresarios de este establecimiento han obtenido real permiso para dar en el bailes de máscaras y otros recreos públicos en las tardes del presente carnaval. Con este motivo han dispuesto se verifique el primero hoy domingo, si el tiempo lo permite, en el espacioso salón del jardín, al que asistirá una brillante y escogida* orquesta. Para hacer mas agradable y divertida esta función se hallará colocado en una gran plazuela del jardín el árbol de la cucaña, que tanta aceptación ha merecido en otras ocasiones, en cuyo final habrá un jamón y 60 rs. [reales], que servirán de premio al que lo coja subiendo por el mismo árbol. Además estará dispuesto en uno de los deliciosos paseos del jardín el juego llamado del estafermo, que aunque no conocido en esta capital, ofrece la mayor diversión, propio de estos días en Andalucía y otros puntos. La función se empezará a las dos de la tarde, y durará hasta el anochecer. El juego de la sortija, columpios y demás de este establecimiento se hallarán corrientes. Habrá dos pinas con trajes y dominós a precios arreglados para los que gusten servirse de ellos, con la debida separación de señoras y caballeros. El café y ambigú [“comida compuesta de manjares calientes y fríos…(6)”] estarán surtidos abundantemente de todo lo correspondiente á su ramo, y además habrá hojaldres de todos precios. Los empresarios, al propio tiempo que han tratado de proporcionar  una función variada y divertida, han querido que esta sea al menos coste posible, y por lo mismo han señalado el moderado precio de 4 rs. cada billete, los que se despacharán en el mismo establecimiento».

Nota: en aquellos años 'estafermo' era la “figura de un hombre armado con un escudo en la mano izquierda y en la derecha una correa con unas bolas pendientes o unos saquillos de arena, la cual está en un mástil de manera que se vuelve alrededor. Colócase en una carrera, y corriendo los jugadores, e hiriendo con una lancilla en el escudo, se vuelve la figura y les da con los saquillos o bolas en las espaldas si no lo hacen con destreza” (7).

Se sabe que el 3 de marzo de 1835 se tenía noticias de que “se habían reunido en el pueblo de Busturia varios cabecillas y oficiales vizcaínos para celebrar el carnaval”, disponiendo el gobernador militar de Bilbao la salida de la mayor parte de la guarnición y algunos guardias urbanos al mando del capitán de granaderos D. Manuel Gil. El resultado de su intervención fueron “8 muertos, 2 prisioneros, varios heridos” además de la incautación de diverso material (8). En Madrid, mientras esto acontecía en Vizcaya, la Casa de Palencia celebraba sus bailes de Carnaval (9) y el Conde de Toreno ofrecía el 26 de marzo su baile de carnaval (8).

Finalizado el Carnaval de Madrid de 1835, entorno temporal en el que se presentaba el sainete “La astucia estudiantina” en teatros de la capital (9,10). También se publicó el siguiente resumen (11):

«Acabo por fin el carnaval y con él la bataola [bulla] de bailes, máscaras y zambras; y en verdad que este año los aficionados han sido tardíos pero ciertos, pues en todos los bailes públicos de estos tres días que no bajan de ocho además de los particulares, ha sido muy numerosa la concurrencia; y eso que algunos locales como el de los teatros y la plaza de toros es difícil que se llenen tan completamente como lo han estado. En este último, compuesto por la mayor parte de gente del pueblo, ha sido notable el orden y la moderación con que se han entregado al regocijo los diez o doce mil concurrentes que habría quizá entre los del circo y asientos. Aprendan a conocer al pueblo los que sueñan excesos y alborotos donde quiera que se reúne un número considerable de personas. Sabida es la ocasión que ofrece la máscara para insultos y desórdenes, y así el sensato pueblo que no los comete en funciones de esta especia puede decirse que merece mejor suerte de la que algunos le destinan.

Sepa quien para el público trabaja

Que a la ignorante plebe culpa en vano,

Pues si en dándole paja, come paja,

También si le dan grano, come grano».

De entre las noticias internacionales referentes al carnaval destacó sobre uno de los bailes de carnaval celebrados en Cassel (Francia) en el que “se presentó una comparsa cuyos individuos y trajes formaban el completo de naipes y presentaban las figuras de una baraja” (12).

Al año siguiente se publicaba un “Boletín sobre máscaras” que, entre otras cosas, contenía el siguiente alegato por la liberación del carnaval y sus máscaras (13):

«Prohibidas cuidadosamente por la suspicacia de los gobiernos no dejaron por eso de existir, si bien circunscriptas* a las casas particulares y con todas las precauciones de la desconfianza y del miedo. Vinieron los franceses en 1808 y en medio de la contienda de opiniones y de intereses opuestos en que se hallaba sumergida la nación, las máscaras públicas permitieron en toda su latitud durante el carnaval, no ofrecieron el menor inconveniente en una capital dominada a su pesar por las tropas del usurpador y en medio del hambre y de la más espantosa miseria, antes bien presentando un punto de descanso en tan espantoso cuadro, ofrecieron  un espectáculo digno de sus tiempos más felices.. La singular alternativa de prohibiciones, tolerancia y autorización que la careta ha sufrido después ha contribuido no poco a conservarla en el interés del público, que en pocas cuestiones ha manifestado una opinión más decidida presentado como prueba de lo acreedor que es a ser complacido, la discreción y el juicio de su conducta en tantos años y desmintiendo con ella solemnemente todas las acriminaciones hechas contra esta clase de placer. Tiempo es ya de que llegue a serle lícito en toda su estensión*, y que, a ilustración de las autoridades, el carnaval de 1836 presente un espectáculo que no se creyó peligroso en 1812.

Nada a nuestro entender sería más del agrado del público, como el que prescindiendo ya de desconfianzas infundadas, se permitiese absolutamente las máscaras y disfraces por las calles en los tres últimos días del carnaval, señalando si se quería alguna carrera fija, tal como las calles Mayor, Alcalá, S. Gerónimo, Atocha y sus intermedios, incluyendo también el paseo del Prado y plaza Mayor, donde pudieran colocarse músicas que permitiesen improvisar danzas a las festivas comparsas. Puede muy bien imajinarse* la novedad y grandeza de un espectáculo semejante en uno de los hermosos días que nuestro cielo nos proporciona, cubierta toda la carrera de caprichosos disfraces que el buen tono proscribe ya en las reuniones de salón, pero que serían muy oportunos en calles anchas y desahogadas, en nuestros románticos balcones, en sendas carrozas y cabalgatas. Acaso nos equivoquemos, pero el injenio* nacional nos ofrecería en este punto un cuadro que no dejará envidiar el tan ponderado de los famosos carnavales de Venecia y de Roma.

Ya el año pasado se intentó condescender con el deseo del público permitiendo bailes por la tarde en la plaza de toros, pero la circunstancia de no poder usar la careta sino dentro de aquel recinto causó precisamente el inconveniente que se pretendía evitar, circunscribiendo esta diversión a aquella parte del pueblo que menos puede hacerla agradable y que más bien puede abusar de ella. Otra cosa sería si fuera lícito el andar disfrazado por las calles (con excepción ya dicha de las estraviadas*) porque entonces todas las clases no temerían perder su decoro enmascarándose [y] formando lucidísimas comparsas y contribuyendo a la alegría jeneral*. En la mayor parte de las capitales de Europa se verifica así y no creemos que la nuestra sea menos digna de fiar de su cordura y amor al órden*; la experiencia* según hemos indicado apoya en un todo nuestra proposición, y en el hecho se verifica ya, aunque a hora distinta. Siendo tantos y tan concurridos los bailes públicos y particulares, las calles de Madrid están jeneralmente* cubiertas de máscaras desde las diez de la noche, serán acaso más peligrosas de día?»

Sobre el carnaval de 1836 se publicó que “el teatro y las máscaras han estado bastantes concurridas” (15) en Madrid, trascendiendo que en Cuenca hubo “bailes y máscaras públicas” (16).

Es en el Carnaval de 1837 cuando hallamos la primera referencia que aporta algunos datos de la vestimenta de una comparsa. Así se dijo que el 5 de febrero (17):

«Anunciado con gran elogio y anticipación una cabalgata que saldría del Circo Olímpico á recorrer las principales calles de la capital. El énfasis con que esta función, nueva en Madrid, se anunció al público llamó mucho la atención y era infinita la gente que esperaba para verla pasar en las principales calles de la capital. Fuimos todos engañados en nuestras esperanzas: nada de particular tenía la cabalgata y si mucho de mezquina. Algunas personas a caballo disfrazadas con trages* de correos, ó cosa equivalente, que no llegarían ciertamente al número de veinte, precedían a algunos músicos a los cuales seguía un carro en donde iban algunas máscaras, de las cuales ninguna llamó nuestra atención sino el orangután, que conocidamente era el señor Ratel**. Recorrió esta comparsa muy tranquilamente las calles principales, y sin que esto haya gustado cual nosotros esperábamos se retiró muy pacíficamente al Circo Olímpico, de donde había salido. Si se añade a esto la función de iglesia, el sermón del señor Rico y Amat el clamoreo de las campanas, la formación de la tropa de la guarnición, de la Milicia Nacional, las descargas de ordenanza, la muchísima gente que recorría las calles, la numerosa concurrencia del Prado, las ratificaciones de los muchos tratados amorosos, los infinitos bailes de máscaras y el sentimiento que muchos tienen de no ir a ellos ó ir y no divertirse, se tendrá una cabal idea de lo que ha sido el domingo de carnaval en Madrid el año de gracia do 1837».

(**) Conocido artista circense de la época.

Gracias a otra publicación de 1837 sabemos que el carnaval de Madrid contó con cabalgata de máscaras, y “alegres músicas de los mascarantes” (18), dándose a entender que ya las comparsas podían ejecutar su propia música.

Carnaval de Madrid. Mascarada de los barrios bajos La Ilustracion Española y Americana 1873p

Carnaval de Madrid. Mascarada de los barrios bajos (B)

Al año siguiente hallamos una noticia en la que se vincula en Barcelona la beneficencia al carnaval (19):

«Los que quieran entender en el arrendamiento de los cafés y guarda-ropas de los bailes públicos de máscara, que en la temporada del próximo carnaval se darán a beneficio de los pobres de la Nacional Casa de Caridad, en el salón de la Casa Lonja y en el almacén de D. Antonio Nadal, podrán presentarse el sábado próximo 11 del corriente á las diez de la mañana en el citado establecimiento, en donde a tenor de las condiciones de las respectivas que estarán de manifiesto en la secretaría del mismo se celebrará á favor del más beneficioso postor si hubiese proposición admisible. Barcelona 8 de noviembre de 1837».

La primera referencia que hemos encontrado a una comparsa de estudiantes, que también cantaba y tocaba su propia música, surge en el entorno del Carnaval de Madrid de 1838 de la siguiente manera (20):

«A propósito de mascaras. Ayer vimos una comparsa de estudiantes que iba por las calles tocando y cantando, como suelen los de la tuna. Llevaban en un gran palo, como en triunfo, una rosca de pan, de diámetro enorme, alegoría ingeniosa para significar que hemos llegado a tiempos tan calamitosos, y de hambre tan cruda, que se puede llevar en triunfo el PAN, como un objeto interesante y raro. Lo que admiraban los espectadores era que después de haber corrido la estudiantina varias calles, todavía se mantuviese la rosca íntegra en medio de las garras del pueblo famélico, capital (olim) de dos mundos».

El siguiente texto publicado en el otoño de 1838 bajo el título “La Estudiantina” sugiere que ya estaba instaurada la costumbre estudiantil de “ir de música estudiantina” y del que su autor comenta al pie que había escrito “en diciembre de 1836” otro artículo con el mismo titular y asunto comentando que “cuando otros estudiantes vuelven cada año a su ‘estudiantina’ o “cuestación música”, dando a entender que las tres expresiones (“ir de música estudiantina”, “estudiantina” y “cuestación música”) pudieran haber sido sinónimos entonces (21):

«¿Qué es esto camaradas? Las nueve de la mañana y en la cama todavía! Pues vive que así no se ha de ganar el pan. Ea, arriba; vamos poniendo los huesos en punta y a prepararse a acompañarme; que a fuer de buen estudiante quiero ir de música estudiantina por esas calles y grangear cuatro ochavos que quieran darle a un hombre sus apasionados desde los balcones. Costumbre antigua es esta en España. Y el que quiera enmendar costumbres rancias ha rá muy mal; siga la danza, y anden las letras y las ciencias, ó sus aprendices, con sombreros chafados y manteos raí dos, como este á que yo debo mi fortuna, y tomemos los instrumentos, y corramos toda la villa cantando y pidiendo, que mejor partido hemos de sacar así que quemándonos las cejas sobre los libros y papeles.

Ola! ya estáis listos? Buena gente! Tú, Abenamar, saca tu chirimía, que con ella y ese trage* de moro verás como se nos viene detrás por esas calles el pueblo ilustrado y soberano con tamaña boca abierta; y sobre todo, como llueven sobre Nosotros monedas de cobre, porque para esto de sacarle a nuestro pueblo las monedas, cuanto menos cristianos, mejor; y no lo digo ahora por ningún ministro de hacienda, que cuantos hemos disfrutado, incluso Mendizabal, ya sabe el mundo lo que ha sido.

Con qué, vava, vamos saliendo......Y tú, Juanote, rasguea bien esa guitarra, hijo, y lúcete hoy, que el año que viene quizá nos habremos ido con la música a otra parte. Vd., señor aprendiz, ya que se nos ha pegado á la compañía, agarre la pandereta y salga por delante llevando el compás y haciendo cabriolas; vamos, hijo, más vale hacerlas aquí por divertir á un pueblo libre, que en la plaza de la Cebada para en para entretener al religiosísimo  rey y al suavísimo conde de Morella. ¡Y qué sabe cada cual para lo que Dios le tiene destinado! El editor responsable irá por una y otra parte espantando* los niños para que no se nos echen encima.... Ea, sús, pronto, vamos.... á la calle.... que se me aflojan las cuerdas del violín y si las tiro un poquito más puede que salten.... Empecemos con la jota, y llámele vd. hache.... .A la salud de los que dicen que no entendemos una jota....

Tin... tirriru-liraliru-lin

Tin... tirriru-liraliru-lon

Ton…tara-tera-tira-tora-tura

Tira-tera-tara-tara-tera-tira

Trin-ti-lin-lon…

Ya estamos aquí Nosoootros…

ya estamos aquí Nosoootros,

pueblo heróico soberaaano,

Nosoootros y tú mismo

lo miiismo que hace dos aaaños…

lo miiismo que hace dos aaaños…

ya estaaamos aquí Nosoootros.

Vamos, señorita ¿no hay un cuartito para estos pobretes?... Siquiera por aquel exdirector de rentas que la daba á vd. audiencia en el sofá, mientras los ciudadanos libres estaban al otro lado de la mampara haciendo sus tres horas de antesala.... ¿Moneda de plata? ¡Viva la real moza!... Ea, bachiller, pégale en la frente con saliva esa media peseta, para que vea todo el mundo lo que es el rumbo [pompa, ostentación], y lo que vale tocar ciertos registros.

Tin... tiruriru-liraliru-lin

Tin... tiruriru-liraliru-lon

Ton…tara-tera-tira-tora-tura

Tira-tera-tara-tara-tera-tira

Trin-ti-lin-lon.

Mejooor es que te entreteeengas…

mejooor es que te entreteeengas…

oyeeendo nuestros cantaaares,

que esaaas coplas que te sooopplan

en looos partes oficiaaales…

oyeeendo nuestros cantaaares

mejooor es que te entreteeengas.

Poco á poco, caballero… Contenga vd. un poco el carretoncillo que va vd. a atropellar la clase proletaria… Vamos , que bien se luce la persona... ¡Bien haya las sociedades mercantiles que ponen su dinero en buenas manos!... Y no que hay quien se lo entretenga á esos que llaman en París ‘Robert-Macaires’ y en España Juan trapisonda y caballeros de la industria... !!Vaya, Abenamar, échale aquí a Milord un solo de chirimía y verás como te da diez francos o media guinea para la estudiantina… ¿Se fue y te dejó sin blanca? Pues a fé que a él no le han quemado las casas ni le han talado las tierras los facciosos [inquietos, revoltosos, perturbadores de la quietud pública] ni navarro, ni estremeño*, ni gallego, ni…

Tin... tiruriru-liraliru-lin

Tin... tiruriru-liraliru-lon

Ton…tara-tera-tira-tora-tura

Tira-tera-tara-tara-tera-tira

Trin-ti-lin-lon.

La liiibertad que te han daaado

la liiibertad que te han daaado

Nosoootros nos la teneeemos;

muchooo cantar, plca plaaata,

mucha haaambre y andar en cueeeros…

mucha haaambre y andar en cueeeros

la liiibertad que te han daaado.

Oiga vd., niña, la del pañuelo en la cabeza; suelte vd. ese plumero y entre a decirle al señor marqués que está aquí la estudiantina; que se asome a ese balcón y nos eche un poquillo de plata u oro viejo, aunque sea de desecho… y si no lo tiene a mano, con un pedazo de azogue nos contentamos, que de azogue nos han dicho que tiene la casa llena; y como que es mercurio, si se atraca, se le van a ablandar los huesos… Vaya señor aprendiz, déle vd. a esa doncella cuatro boletos en la pandereta, y vamos adelante, que parece que s.E. el señor marqués sigue sordo.

Tin... tiruriru-liraliru-lin

Tin... tiruriru-liraliru-lon

Ton…tara-tera-tira-tora-tura

Tira-tera-tara-tara-tera-tira

Trin-ti-lin-lon.

No hay fueeerzas contra don Caaarlos…

no hay fueeerzas contra don Caaarlos…

ni treeegua entre partiiidos,

y sieeempre los que maaandan

las maaanos en los bolsiiillos…

las maaanos en los bolsiiillos…

Cuidado que eso de los bolsillos no hay que echarlo a mala parte.

Vamos, ciudadanos, vamos soltando los cuartos; que más vale que Nosotros nos los llevemos antes que no los ‘ecsaltados’* y los’ moderados’; Nosotros a lo menos hablamos clarito y divertimos al público, ellos mienten que se las pelan y siempre andan a cachiporrazos con el patriótico fin de ser ministros para hacer la felicidad de los españoles, empezando como está en el orden por el número uno. Los unos empeñados en embocarnos la soberanía y los derechos imprescriptibles a cambio de pesos duros empapados en sangre, los otros predicando moderación como unos energúmenos, que se parece su moderación a la caridad evangélica de Cabrera, a la mansedumbre de Palillos y a la ternura de corazón del señor don Carlos, humanísimo rey de aquellos tigres…

Tin... tiruriru-liraliru-lin

Tin... tiruriru-liraliru-lon

Ton…tara-tera-tira-tora-tura

Tira-tera-tara-tara-tera-tira

Trin-tin-lin-lon.

De unooos y otros embaidooores [embusteros]…

de unooos y otros embaidooores…

ambiiiciosos que te engaaañan,

ríeeete cual nos reiiimos

Nosoootros a carcajaaadas…

Nosoootros a carcajaaadas

De unooos y otros embaiadooores.

¿Qué es eso, Juanico, con quién te andas peleando? Cuidado que aquí no queremos nada con gente de bigote y pendenciera… Paz y vida alegre. ¿Pregunta vd. de que partido somos si de todos nos burlamos? Del partido de la nación, del pueblo español entero. ¿Qué gobierno queremos? El que mande a la española, el que hable poco, que obre mucho, que acabe la guerra, que haga justicia a todos y, sobre todo, hermano, que no robe, que no robe ni acabe de desangrarnos… De lo demás no entendemos, ni de palabrerías, ni de teorías, ni de discursos pomposos, ni de articulotes de periódicos, ni de programas, ni de alocuciones, ni de protestas patrióticas, ni de que los consejos de guerra den por inocente al que todos sabemos que es culpable… Porque ¿sabe vd. lo que hemos sacado de todo lo que hemos visto en tantos años? ¿lo sabe vd.? quiere vd. saberlo?... Pues señor… yo no quiero decirlo. Siga la música…

Tin... tiruriru-liraliru-lin

Trin-tin-lin-lon.

Se maaarcha la estudiantiiina…

se maaarcha la estudiantiiina…

adiooos al pueblo, hasta otro aaaño;

que te hallaaaremos dichoooso

lo miiismo que en los pasaaados,

se maaarcha la esdudiantiiina.

Tin... tiruriru-liraliru-lin

Trin-tin-lin-lon.

El Estudiante».

El contenido antes plasmado no sólo evidencia la continuidad de aquella crítica social antes vista con el pan como triunfo sino que ahora aporta datos de que, con sus letras se acompañaban de chirimía, guitarra, violín y pandereta.

En febrero 1839 se presentaba en los teatros de la capital “La astucia estudiantina” (22) mientras que en San Sebastián hubo una mascarada y función teatral a beneficio de los prisioneros de la guerra (23). El día 29 del mismo mes una Circular "reconoció algún tipo de asociación obrera" limitando "este derecho a las Sociedades de Socorros Mutuos y no incluía a las Sociedades de Resistencia por su evidente vinculación con la lucha obrera" (34), abriendo así el gobierno liberal la senda del asociacionismo (35) y permitiendo el surgimiento de iniciativas sociales de promoción cultural,  "da los primeros frutos de inmediato y estará activo durante todo el siglo porque estaba imbricado en una tendencia natural de la burguesía hacia el corporativismo” y “vertebra la vida musical española” (36),  creándose círculos, ateneos, liceos y sociedades recreativas en los que se hacía y escuchaba música (*). 

Se publicó que en 1840 se presentaron en Barcelona “comparsas de mucho gusto” (24), no disponiendo de más datos. Al año siguiente comenzaba un breve informativo sobre el Carnaval de Almería que el 27 de febrero y “por el día del general Espartero” hubo “demostraciones que no han merecido en casos iguales ni la reina ni la infanta” para informar que las máscaras comenzaron por las calles a las tres de la tarde, destacando la siguiente copla que evidencia no sólo la temática política sino que la lucha por la sucesión pervivía en la población (25):

«Carlinos y moderados

todos son de una opinión;

y nosotros PROGRESISTAS

queremos CONSTITUCIÓN.

Dicen los moderados

que es insultante EL TÍO JUAN

y dicen los muy tunantes

que no quieren LIBERTAD.

El partido progresista

vale más que el mundo entero;

y el partido moderado…

(El cuarto verso no puede publicarse)».

En enero de 1843 se aseguraba que habría una función en el Teatro de la Cruz de Madrid en la que se presentaría una comparsa de estudiantes “para proporcionar al público el gusto de oír tocas a uno la pandereta, instrumento en que hace prodigios” (27). En vísperas del carnaval de este año volvía “La astucia estudiantina” a las carteleras madrileñas (28-30).

Este año el Ayuntamiento de Madrid publicaba lo que pudieran ser las primeras disposiciones para el Carnaval de esta nueva época (31):

Art. 1º. En los tres días de carnaval se permite andar disfrazados por la calle y con careta hasta el anochecer.

Art. 2º. Tanto por las calles como en los bailes, ya públicos, ya particulares, queda prohibido el uso de vestiduras de ministros de la religión, de las estinguidas* órdenes religiosas, de las actualmente permitidas y de trages* de funcionarios públicos, de militares y de milicianos nacionales como también de cualquier insignia o condecoraciones del Estado.

Art. 3º. Ninguna persona disfrazada podrá llevar armas ni espuelas aunque lo requiera el trage* que use, entendiéndose esta prohibición con todas las personas que, aunque no disfrazadas, concurran a los bailes, en los que no se permitirá la entrada con espada ni bastón, exceptuándose* la autoridad presidente y personas que por su clase deban llevarlas.

Art. 4º. Se prohíbe toda clase de insultos y amenazas tanto en los que usen de disfraces y caretas como entre estos y los que no vayan disfrazados; así también se prohíbe el uso de acciones y palabras que ofendan el decoro y la moral pública.

Art. 5º. Ninguna persona, este o no disfrazada, podrá quitar a otra la careta ni obligarla a que se la quite aún cuando hubiese cometido algún esceso*, causado algún disgusto o faltado al decoro correspondiente, pero podrá presentarla a la autoridad para que, en vista de la falta en que el disfrazado hubiese incurrido, adopte la determinación que tuviese por conveniente.

Art. 6º. Queda prohibido el uso de caretas en las tiendas de vinos generosos, villares* y tabernas mientras en estos sitios permanezcan disfrazados los que entrasen a beber o jugar, bajo la responsabilidad de los dueños de tales establecimientos y, por su ausencia, de los mozos y medidores.

Art. 7º. Se prohibe el uso de mazas, geringas*, pellejos y cualquiera otra cosa que ensucie los vestidos o incomode personalmente a los vecinos bajo la pena de un ducado o un día de cárcel, sin perjuicio de lo demás que corresponda.

Art. 8º. Los que con instrumentos de cualquiera clase, mazas, agujas, mistos o de otra manera manchen o rompan los vestidos o causen daño a las personas serán entregados al juez competente para el condigno castigo.

Art. 9º. Se prohíbe asimismo la venta y uso de carretillas de fuego y demás invenciones de pólvora, y toda composición de mistos y sales que producen el mismo ruido en las calles y paseos públicos, bajo las penas establecidas en el artículo 7º».

Poco antes de la Navidad de 1843 se anunció en Calatayud la formación de lo que, hasta hoy, pudiera ser la primera estudiantina conformada por escolares de la que se conoce su Casa de Estudios y de la que se conoce su vestimenta (32):

«Los alumnos de las clases superiores del Colegio de Humanidades formarán una comparsa vestida a la tuna con música pidiendo limosna a beneficio de las monjas».

El pie de la noticia añade:

«Esto es muy bueno: celebrar la proclamación de una Reina [Isabel II] con una comparsa de tunos y esta comparsa de tunos pidiendo limosna para las monjas. Espectáculo tuno-regio-religioso, honra y gloria del país y apología brillante de otra comparsa de tunos que a esto ha dado lugar».

Con este motivo regio se supo que “la clase agrícola” conformaría una comparsa “vestida a lo turco” (33).

 

Ante todo lo hallado podemos afirmar:

  1. Que la medida modernizadora de la Regenta coincidió con una guerra civil en España.
  2. Que, debido a las revueltas, hubo hasta muertos por querer celebrar el carnaval.
  3. Que, aunque pudiera haber habido más comparsas integradas por personas del pueblo llano, en estos años sólo hemos hallando una comparsa vestida con trajes de correos y un orangután en 1837 y la de turcos organizada por los agricultores en 1843.
  4. Que la primera comparsa integrada por escolares que hemos detectado surgió en 1838, tocó y cantó su propia música y mostró una actividad crítica que continuó en otras comparsas durante el periodo analizado.
  5. Que, al parecer, las primeras normativas dictadas para Carnaval fueron las promulgadas en 1843 por el Ayuntamiento de Madrid.
  6. Que la única comparsa de estudiantes de la que se ha identificado su Casa de Estudios durante este periodo fue la del Colegio de Humanidades de Calatayud y salió a pedir limosna vestida a la tuna para ayudar a las monjas de la localidad en las mascaradas autorizadas por la proclamación de la Reina Isabel II en 1843.

(*) El derecho de asociacionismo se consolidó tras la Revolución Gloriosa "con un Decreto del 20 de noviembre de 1868, aunque la sanción plena no se daría hasta su inclusión en el artículo 17 de la Constitución de 1869" cuando se decía que ningún español podía ser privado del “derecho de asociarse para todos los fines de la vida humana que no sean contrarios a la moral pública” (34). 

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Imagenes:

A) David Odalric de Caixal i Mata. Primera Guerra Carlista 1833-1840. Visto el 17-05-2020.

B)  La Ilustracion Española y Americana, 1873.

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Fuentes:

  1. Daviña Saiz, S. Cuadernos de noticias históricas. Nº 10. 2005. Visto el 17-05-2020
  2. Martín Sárraga, FO. Estudiantinas que postularon en o por Murcia. Epidemias y catástrofes por las que desarrollaron su actividad. TVNAE MVNDI. 2014. Pág. 34.
  3. Cabot, JT. Así nació el carlismo en España. La vanguardia. 03-12-2018.
  4. Diario de Avisos de Madrid. 12-01-1835. Pags. 1-2.
  5. Diario de Avisos de Madrid. 08-02-1835.Págs 3-4.
  6. Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana… Imprenta Real. Madrid. 1832. Pag. 44.
  7. Real Academia Española. Diccionario de la lengua castellana... Imprenta Real. Madrid. 1832. Pag. 328.
  8. Eco del Comercio. 26-03-1835. Pag. 2.
  9. Palencia, publicación oficial de la Casa de Palencia (Madrid). 01-04-1935. Pag. 12.
  10. Eco del Comercio. 27-03-1835. Pag. 4.
  11. Diario de Avisos de Madrid. 01-01-1835. Pag. 4.
  12. Diario de Avisos de Madrid. 01-01-1835. Pag. 4.
  13. Eco del Comercio. 04-03-1835. Pag. 2.
  14. Diario de Avisos de Madrid. 12-02-1836. Pag. 4.
  15. Revista Española, periódico dedicado a S.M. la Reina Gobernadora. Mensajero de las Cortes. 02-05-1835. Pag. 1.
  16. El Español. 21-02-1836. Pag. 1.
  17. Eco del Comercio. 24-02-1836. Pag.4.
  18. Revista Nacional. 06-02-1837. Pag. 1.
  19. El Mata-moscas. 13-02-1837. Pag. 9.
  20. El Guardia Nacional. 09-11-1837. Pag. 4.
  21. Eco del Comercio. 27-02-1838. Pag. 4.
  22. Nosotros, periódico satírico, político y literario. 15-10-1838. Pags. 1-2.
  23. Diario de Avisos de Madrid. 12-02-1839. Pag. 4.
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  27. Revista de Teatros, diario pintoresco de literatura. 31-01-1843. Pag. 2.
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  29. Revista de Teatros, diario pintoresco de literatura. 01-02-1843. Pag. 2.
  30. El Espectador. 02-02-1843. Pag. 4.
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 Publicación: 18/05/20          Actualización: 02/08/20